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Thread: La Verdadera Historia de las Islas Malvinas - documento de análisis histórico

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    Default La Verdadera Historia de las Islas Malvinas - documento de análisis histórico

    A continuación dejo la traducción (la cual estoy realizando de a pocos y en mis ratos libres, así que la iré colgando a medida que avance) de un muy interesante documento publicado este año titulado Getting it Right: the real history of the Falklands/Malvinas, un resumen de una extensiva investigación realizada por los historiadores independientes Doctores Graham Pascoe y Peter Pepper - publicado a raíz de una exposición argentina sobre el tema llevada a cabo en Londres en diciembre del año pasado - que será publicada el próximo año 2009 bajo el título The Falklands Saga, a Critical Study of the Falkland Islands in History and Law y que pretende poner punto final de una vez por todas a la disputa existente entre el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y la República Argentina por los derechos históricos y jurídicos de soberanía sobre las islas Malvinas (Falklands) en el Atlántico Sur. Me parece importante ponerlo en conocimiento de la comunidad hispanohablante interesada en el tema pues se trata de un trabajo sumamente detallado, pertinente y esclarecedor.

    El documento original en inglés se puede descargar libremente DESDE AQUI.

    Algunas notas del traductor:

    - La traducción del siguiente documento corresponde a un esfuerzo particular, por iniciativa propia y con fines puramente didácticos; no representa una versión de conocimiento o autorizada por los autores y, al tratarse de una traducción de un documento de libre disponibilidad pública, no puedo consentir su reproducción en medios digitales o escritos y mucho menos, su distribución con fines de lucro pues, a pesar de que la traducción es de mi autoría, el documento original (que es de distribución igualmente gratuita) no lo es.

    - La traducción tiene como finalidad ayudar a quienes no hablan o dominan poco el idioma inglés a entender mejor el texto original, no es un reemplazo o una versión alternativa del documento original por cuanto es necesario - yo diría imperativo - siempre consultar la fuente original. Asimismo, como no se trata de una traducción de rigor académico y, puesto que no pretende reemplazar al documento original de ninguna forma y por una cuestión de tiempo, he omitido las referencias y notas a pie de página que son de imperativa consulta en la versión original.

    - He intentado ser lo más riguroso y exacto en la traducción respetando al máximo posible el espíritu original del texto.

    - Como estamos en un contexto hispanohablante y dado que las Naciones Unidas reconocen de forma oficial la doble denominación de las islas, he empleado el nombre propio "Malvinas" para referirme a las islas cuando, salvo que el contexto así lo exija, el artículo original se refiera a ellas como "Falkland islands". De ninguna manera pretende alterar el espíritu original del texto ni sugerir una posición favorable o desfavorable hacia cualquiera de las dos denominaciones
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    Comprendiendo la real historia de las islas Falkland/Malvinas
    Respuesta a al seminario argentino del 3 de diciembre de 2007
    Por Graham Pascoe y Peter Pepper © 2008-06-10

    Traducción del documento original Getting it Right: the real history of the Falklands/Malvinas
    Fulcrum / PeruDefensa.com



    Fig.1 Port Egmont en la isla Saunders en las islas Malvinas. Aquí, en enero de 1765, el capitán John Byron reclamó las islas para Gran Bretaña. La fotografía muestra los restos del almacén y el embarcadero (1766)

    1- El seminario de diciembre de 2007; la propaganda argentina de 2007

    El 3 de diciembre de 2007, un seminario titulado “Soberanía y Derechos Argentinos), organizado por la Embajada Argentina, tuvo lugar en el London School of Economics, en el cual el reclamo argentino por la soberanía de las islas Malvinas (Falkland Islands en inglés) fue presentado públicamente en el Reino Unido por primera vez.

    El reclamo por las islas Malvinas representa hoy un elemento significativo en la política exterior argentina, aunque, como demostraremos a continuación, ha habido largos períodos en los cuales los gobiernos de Argentina han aceptado que las islas son británicas. El reclamo de soberanía argentino ha sido presentado cada año únicamente desde 1945, cuando fue mencionado en la conferencia de inauguración de las Naciones Unidas en San Francisco en una sencilla oración referente a territorios argentinos (sin mencionar a las Malvinas por su nombre); desde 1964 los manifiestos anuales argentinos ante las Naciones Unidas han sido mucho más consecuentes.

    Sin embargo, tales manifiestos, así como libros, folletos y cartas a miembros del Parlamento del Reino Unido escritos en Argentina, adolecen de importantes omisiones y errores históricos graves. Este documento trata acerca de las más serias omisiones y errores y brevemente hace un recuento de la historia real de las islas Malvinas y la disputa por las mismas. Representa una versión altamente condensada de un detallado estudio (de más de 1000 páginas) sobre el tema: The Falklands Saga, a Critical Study of the Falkland Islands in History and Law por Graham Pascoe y Peter Pepper (probablemente disponible en el próximo 2009).


    Fig.2. Los conferencistas del seminario del LSE, 3 de diciembre de 2007, de izquierda a derecha: profesor Rudolf Dolzer, Virginia Gamba Stonehouse, Federico Mirré (Embajador argentino en el Reino Unido), Raúl Vinuesa y el Profesor George Philip del LSE (presidente).

    El seminario de 2007 fue presidido por el Profesor George Philip del LSE y dirigido por un distinguido panel de expositores: el Profesor Rudolf Dolzer (jurista internacional y autor de un libro sobre el status legal de las Malvinas); Virginia Gamba Stonehouse, (académica argentina quien ha escrito obras en inglés y español sobre la disputa por las islas); el Embajador argentino Federico Mirré y el Doctor Raúl Vinuesa, un connotado jurista internacional argentino.

    Las conferencias en el seminario se basaron en un panfleto de 8 páginas en idioma inglés el cual fue distribuido a los presentes, titulado en español e inglés Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur / Falkland Islands, South Georgia and South Sandwich Islands (léase los territorios británicos reclamados por Argentina). El texto corresponde a una traducción de un panfleto de 16 páginas en español titulado Islas Malvinas, publicado en Buenos Aires en marzo de 2007 por el “Observatorio Parlamentario – Cuestión Malvinas”, también disponible a través de la página web de la Embajada Argentina en Washington (www.embassyofargentina.us). Estos dos panfletos (figura 3) por tanto servirán para representar la postura oficial del reclamo argentino respecto al diferendo sobre las islas Malvinas; nosotros pasaremos a referirnos a ellos como “los Panfletos Argentinos de 2007”.

    2- Las Islas Malvinas; la disputa por las Malvinas

    Las Islas Malvinas (llamadas en inglés “Falkland Islands”) son un grupo de islas ubicado en el Atlántico Sur, a unos 450 kilómetros (300 millas) de la costa de Argentina. Existen dos islas principales, East y West Falkland (en español, “Isla Soledad” y “Gran Malvina”) y casi 750 islas más pequeñas. Las islas tienen una superficie total de 12 731 kilómetros cuadrados (4 700 millas cuadradas) – son más grandes que Jamaica, Líbano y Chipre y tan grandes como 25 de los más pequeños estados-miembros de las Naciones Unidas juntos. Su población total es de aproximadamente 3 mil habitantes.

    Las islas nunca han tenido habitantes nativos y fueron ocupadas y habitadas originalmente por Francia; existió un asentamiento francés en Port Louis (East Falkland) desde 1764 hasta 1767 (sección 8, figura 4, abajo). Las islas fueron formalmente reclamadas por Gran Bretaña en 1765 y desde 1766 gasta 1774, salvo una interrupción, hubo una guarnición británica en Port Egmont, en la isla Saunders, cuyos restos aún existen (fig.1). España tomó posesión del asentamiento francés en 1764, manteniendo una guarnición en Port Louis por 44 años hasta 1811. La población actual de las islas representa una mixtura única: algunos Islanders descienden de náufragos marinos daneses, noruegos o suecos; otros, de colonos uruguayos, franceses, finlandeses o de Gibraltar, mas la mayoría son de origen británico. Muchas familias han residido en las islas por cinco o seis generaciones, algunos más por hasta siete generaciones y al menos un par por más de ocho o nueve.


    Fig.3. Los Panfletos Argentinos de 2007: (izquierda) en inglés, diciembre de 2007; (derecha) español, marzo de 2007. La caricatura de un ave aparece en la portada y en cada página del documento en español. El texto (p.2) lo identifica como un Petrel Gigante del Sur, Macronectes giganteus. El Petrel Gigante del Sur es un habitante común de las Malvinas donde por más de un siglo se le ha conocido con el apodo de “Stinker” (apestoso).

    Argentina argumenta que las islas son territorio argentino por derecho y ha manifestado dicho reclamo durante numerosas oportunidades durante los últimos 175 años, sin embargo no de una manera sostenida. En abril de 1982, la brutal dictadura militar argentina (1976-1983) invadió y ocupó las islas por la fuerza, desencadenando la Guerra de las Malvinas en la cual alrededor de 1000 seres humanos perdieron la vida. La mayoría de los argentinos están convencidos de que la finalidad de la invasión fue la de fortalecer la alicaída posición de la dictadura en el país. Al mismo tiempo, Argentina tomó control de South Georgia, la cual no había reclamado sino desde 1940 luego de décadas de consentimiento sobre su soberanía británica.

    A pesar de la derrota a manos del Reino Unido en la Guerra de las Malvinas, Argentina ha persistido en sus intenciones de forzar a Gran Bretaña a entregarles la soberanía de las islas. En 1994, mientras el presidente Carlos Menem adulteraba la Constitución a fin de permitírsele presentarse a elecciones para un segundo periodo presidencial, el reclamo argentino por las Islas Malvinas, South Georgia y South Sandwich fue consagrado en la Constitución Nacional argentina (ver sección 40 más abajo).

    (continúa)
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    3- Las Bulas Papales, 1493 y el “Tratado” de Tordesillas, 1494

    Luego del “descubrimiento” por parte de Colón del llamado Nuevo Mundo en 1492, el Papa Alejandro VI emitió una serie de Bulas (edictos papales cuyo nombre proviene del sello papal o “bulla”) acreditando todos los territorios recientemente descubiertos a España. Alejandro era un español, natural de Valencia, llamado Rodrigo Borja (o Borgia), quizás el Papa más corrupto e inmoral de la historia, el cual se mostró entusiasta por complacer al rey español Fernando.

    A través de la Bula Inter Caetera emitida en 1493, el Papa Alejandro VI “entregó” a España la totalidad de América, tanto norte como sur – incluyendo la totalidad de lo que hoy corresponde a los Estados Unidos de Norteamérica y Canadá. Este “otorgamiento” fue inmediatamente cuestionado por Portugal. En 1494, a fin de resolver la disputa, España y Portugal firmaron un acuerdo conocido como el “Tratado” de Tordesillas. Esto le permitó a Portugal disponer de gran parte de los territorios concedidos por el Papa y dividió el resto del mundo no-cristiano aún no descubierto entre ambas potencias. La línea divisoria alrededor de 47º longitud oeste por tanto le otorgó Brasil a Portugal, pero el resto de Norte y Sur América “permaneció siendo español”.

    En 1529, la línea divisoria entre los territorios portugueses y españoles se extendió hacia el Pacífico; Alaska y Japón “pasaron a ser” españoles, la India “pasó” a soberanía portuguesa y Australia (aún sin descubrir) fue teóricamente dividida entre España y Portugal.

    Los Panfletos Argentinos de 2007 presentan a las Bulas Papales y el Acuerdo de Tordesillas como si correspondieran a “la legislación internacional de la época” (versión en inglés: p.1, versión en español: p.2), pero ello significa hacer caso omiso a la realidad del periodo. Los Aztecas, Incas, Mayas y otros pueblos originarios de las Américas (por supuesto, también los japoneses) tenían marcos jurídicos y leyes propios perfectamente definidos; ellos no eran católicos y por tanto no estaban sujetos a la autoridad del Papa. No solo eso, las Bulas y el Tratado fueron también en su momento jurídicamente cuestionados en otras formas:

    1- El Papa atentó contra el principio legal básico nemo dat quo non habet (“nadie entrega aquello que no posee”) – él no tenía autoridad para “entregarle” las Américas a nadie, habida cuenta de que no le pertenecían.

    2- El “Tratado” de Tordesillas quebrantó otro principio básico pacta tertiis nec nocent nec prosunt (“los acuerdos no deben ni dañar ni beneficiar a terceros”). Los pueblos nativos americanos eran terceros ajenos al Tratado, así que el acuerdo no se aplicaba a ellos. En otras palabras, no se trató de ninguna manera de un tratado correcto o apropiado sino simplemente de un acuerdo bipartito entre España y Portugal a fin de mantenerse alejado el uno de la esfera de influencia del otro. España y Portugal no “poseían” legítimamente Sudamérica en lo absoluto; la conquistaron por la fuerza y mantuvieron bajo su poder por tanto tiempo que toda oposición fue aplastada, provocando la muerte de quizás más de 80 millones de seres humanos. Luego de eso, la sola longevidad de la posesión le dio a España y Portugal derechos por costumbre sobre América Latina.

    3- Las Bulas Papales y el “Tratado” de Tordesillas no fueron aceptados ni por el Rey François I de Francia ni por la Reina Isabel I de Inglaterra.

    4- Las Bulas Papales y el “Tratado” de Tordesillas fueron los documentos fundadores del imperialismo europeo y, en el caso de las Américas, conllevaron al genocidio de sus habitantes originarios. Es curioso emplearlos hoy como herramienta de justificación de cualquier argumento.

    Varios otros puntos son dignos de mención en esta instancia. South Georgia y las islas South Sandwich se encuentran en la esfera portuguesa de influencia bajo las cláusulas estipuladas en el “Tratado” de Tordesillas. Argentina reclama haber heredado las islas Malvinas directamente de España, mas no puede haber cuestionamiento alguno al respecto de las islas South Georgia y South Sandwich. Aún así, se encuentran presentes hoy dentro del reclamo argentino – de hecho, Argentina inició las acciones bélicas que desencadenaron en la Guerra de las Malvinas en South Georgia en 1982.

    El argumento argentino de que las islas les fueron heredadas de España se basa en el hecho de que las Malvinas formaron parte del Virreinato de Río de la Plata, del cual Argentina desciende como estado. Sin embargo, el Virreinato también incluyó a Uruguay, Paraguay, Bolivia y partes de Chile y Perú, ante lo cual surge un cuestionamiento de “identidad de herencia” – Argentina no heredó un reclamo unitario sino la mitad del mismo, cuando mucho. Adicionalmente, España continuó reclamando todos los territorios españoles mucho después de haberlos perdido y eventualmente aceptó la soberanía británica sobre las islas Malvinas (ver sección 29).

    El reclamo actual de Argentina sobre la soberanía antártica también se fundamenta en la Bula Inter Caetera y se centra en la península de Graham Land la cual recientemente fue “rebautizada” por Argentina como Tierra de San Martín, en honor al libertador argentino que emancipó el país del dominio español. Pero Argentina también reclama territorio antártico que va mucho más allá de la línea de división portuguesa prescrita en el “Tratado” de Tordesillas. Este reclamo es promovido agresivamente – la contratapa de los pasaportes argentinos muestra un mapa de Argentina incluyendo las Malvinas, South Georgia y lo que Argentina denomina “Antártica Argentina”. Bajo la ley de dicho país, estos territorios y todos los reclamados por Argentina deben aparecer en todos los mapas publicados en Argentina.

    Sin embargo, muchos países, incluyendo Estados Unidos, Rusia, China, India, Korea del Sur y otros que tienen bases en la Antártica nunca han reconocido pretensión territorial alguna sobre la Antártica, ya sea por parte de Argentina, Australia, el Reino Unido, Chile, Francia, Nueva Zelanda, Noruega o cualquier otro país.

    4- Descubrimiento

    Los argentinos argumentan en sus Panfletos de 2007 que las Malvinas fueron descubiertas por uno de los navíos que formaba parte de la expedición de Fernando de Magallanes en 1519-20, la primera expedición en circunnavegar el globo. Esto no es cierto. Ese reclamo está fundado en la teoría que afirma que Estêvão Gomes, el piloto portugués de la nave San Antonio, quien desertó de la expedición en el Estrecho de Magallanes, observó las Malvinas antes o después de su deserción. Sin embargo, ninguno de los cronistas de a bordo menciona tal descubrimiento; todos concuerdan en que la nave regresó bordeando la costa, por cuanto no existe un atisbo de evidencia a favor que sustente tal teoría.

    Aunque prueba concluyente se encuentra ausente, existe evidencia que sugiere que las islas fueron descubiertas por una expedición no registrada previa a la de Magallanes. Dicha evidencia se encuentra en dos mapas antiguos, uno elaborado por el cartógrafo Pedro Reinel en aproximadamente 1522 – el primer mapa en mostrar las islas Malvinas – y el otro, una copia francesa de un mapa adquirido en Portugal por André Thevet (1516-1592), un fraile franciscano y prolífico autor en diversos temas; esta copia es parte de un manuscrito no publicado elaborado por Thevet que se encuentra hoy en la Bibliothèque Nationale de Francia en París. Estos dos mapas de origen portugués sugieren que fueron navegantes portugueses los primeros en avistar y documentar cartográficamente las Malvinas. No es de sorprender que no existan registros escritos de dicha expedición que puedan haber llegado hasta nuestros días; los viajes de exploración y descubrimiento eran, en aquel entonces, empresas comerciales secretas y, a menos que los diarios de dichas expediciones hubieran sobrevivido, serían completamente desconocidas en nuestros días.

    Los Panfletos Argentinos prosiguen al argumentar (inglés: p.1, español: p. 3) que “desde ese entonces, las Malvinas permanecieron en control efectivo de las autoridades españolas”. Ello constituye un sinsentido. Un navío español pasó meses en las islas en 1540, mas luego del fracaso de los colonos españoles de establecerse en el Estrecho de Magallanes hacia fines del S.XVI, muy pocas naves españolas navegaron tan hacia el sur como las islas Malvinas incluso hasta mediados del S.XVIII y no existe ningún recuento histórico de algún avistamiento español de las islas durante todo ese lapso de tiempo. Por más de 150 años, navíos británicos, franceses y holandeses tuvieron las Malvinas para sí mismos y España confiaba en navegantes de dichas nacionalidades a fin de recabar información cartográfica sobre las islas, la cual era volcada en sus propios mapas.

    A pesar de no haber sido el primer avistamiento de todos, el primer avistamiento de las Malvinas en ser documentado de forma escrita fue el del capitán John Davis (descubridor del Estrecho Davis en América del Norte) el 14 de agosto de 1592 – su nave fue desviada fuera de curso hacia las islas por vientos provocados por una tormenta.

    5- Los Nombres Rivales

    Las islas obtienen su nombre en inglés del Falkland Sound, el nombre otorgado al paso de aguas entre ambas islas por el capitán John Strong, quien pasó muchos días en las islas en enero de 1690 a bordo de su nave Welfare. El nombre “Falkland Islands” para todo el archipiélago fue acuñado por primera vez en el diario de Woodes Rogers en diciembre de 1708 y publicado en 1712 en los recuentos de su viaje.

    Los franceses estuvieron activos en el Atlántico Sur desde inicios del S.XVIII y en 1716 el cartógrafo francés Amédée-François Frézier publicó el mejor mapa de las islas hasta la fecha, denominándolas “Les Isles Nouvelles” (“Las Islas Nuevas”). El Cartógrafo Real francés, Guillaume Delisle, inventó un mejor nombre en dos mapas de 1720 y 1722 (el primero no publicado sino hasta después) – él las llamó “Les Isles Malouines”, en honor al puerto bretón de St. Malo, puerto base de los navíos franceses que habían visitado las islas.

    Los españoles nunca tuvieron un nombre propio para las islas, pero a mediados de 1760, adoptaron el nombre francés “Isles Malouines”, adaptándolo a “Islas Malouinas”. Alrededor de 1805 comenzaron a deletrearlo como “Malvinas”, aunque hasta épocas tardías como mediados de 1811 continuaron ocasionalmente escribiéndolo como “Malouinas”. “Malvinas” es hoy el nombre español para las islas; en su forma actual es casi un siglo posterior al nombre original en inglés.

    (continua)
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    6- Los Tratados Que No Se Rompieron

    Los Panfletos Argentinos de 2007 dicen (inglés: p.1, español: p.3) que “la totalidad de la región de Sudamérica con sus costas, mares e islas, indisputablemente permanecieron bajo soberanía española a través de los distintos tratados firmados durante el periodo, tales como el Tratado ‘Americano’ de 1670 suscrito por España e Inglaterra”. En inglés, este tratado es más conocido como Treaty of Madrid (Tratado de Madrid) y no dice tal cosa. Existe una traducción directa al inglés del latín original de este tratado en la Public Records Office (Archivos Nacionales) de Londres. Es un tratado de amistad en el cual España reconoce las posesiones británicas en el Caribe y en cualquier lugar fuera de América por entonces (artículo 7). Mas no existe reconocimiento recíproco del resto de América como si fuese española. Tanto España como Inglaterra acordaron no establecer comercio en los territorios del otro (artículo 8 ), excepto previa licencia (artículo 9). El tratado se refiere exclusivamente a los territorios “bajo posesión” de ambas partes y fue redactado pensando en el Caribe y Norteamérica, no en Sudamérica; no menciona en ninguna parte ningún reconocimiento británico de aceptación de soberanía española.

    El Tratado de 1670 fue firmado mucho tiempo después de que Gran Bretaña hubiese ocupado la isla de Sta. Helena en el Atlántico Sur en 1659, bajo la carta de la East India Company acreditada el 19 de octubre de 1657 por el “Lord Protector”, Oliver Cromwell, por entonces gobernante republicano de Inglaterra. Constituye un sinsentido decir que el Tratado de 1670 proscribió a Gran Bretaña de navegar en el Atlántico Sur – el Artículo 15 del Tratado de 1670 preserva la libertad de navegación en los “Mares Americanos” tanto para Gran Bretaña como para España.


    7- Tratado de Utrecht

    Doce tratados se firmaron en Utrecht en 1713 entre varias potencias europeas, notablemente el tratado de paz genérico comúnmente llamado “Tratado de Utrecht”. Ninguno de ellos contiene ningún reconocimiento formal de Gran Bretaña de los territorios en América del Sur como sostienen los Panfletos Argentinos de 2007 (inglés: p.1, español: p.3); Gran Bretaña simplemente ofrece asistencia para devolverle a España sus territorios de acuerdo a tal como estaban a la muerte del Rey Carlos II (cuyo deceso había iniciado la Guerra de Sucesión Española). De la misma forma que el Tratado de 1670, el Tratado de Utrecht se refiere a los tratados “bajo posesión” de España – ni en 1670 ni en 1713 España poseía las Malvinas de forma efectiva o real, salvo bajo lo estipulado en el (inválido) “Tratado” de Tordesillas.

    Los Panfletos Argentinos de 2007 también argumentan que el Tratado de Utrecht le dio a España “derechos exclusivos para navegar en las aguas del Atlántico Sur”. Ello es completamente inexacto; el tratado no confirmó ningún derecho exclusivo – Gran Bretaña nunca aceptó ninguna restricción a la libertad de navegación y mantuvo bajo su soberanía a Sta. Helena durante todo el S.XVIII (hasta la actualidad). Muchas naves británicas, particularmente los pertenecientes a la East India Company, navegaron por el Atlántico Sur en ruta hacia la India y otros destinos.

    8- Asentamiento


    Fig.4. Port Louis en invierno, con vista hacia el suroeste desde la cuenca hacia Berkeley Sound. No han sobrevivido construcciones del S.XVIII; el edificio largo hacia la derecha de la fotografía junto al árbol corresponde a las barracas británicas construidas en 1843 (hoy una residencia privada, el edificio habitado más antiguo en las islas).

    Los franceses fueron los primeros en establecerse en las Malvinas. En 1764, el noble francés Louis-Antoinie de Bougainville estableció un asentamiento en Port Louis en Berkeley Sound en la esquina noroeste de East Falkland, el cual pronto llegó a albergar hasta a 80 habitantes, incluyendo mujeres y niños.

    Poco después, una expedición británica de circunnavegación del globo comandada por el Honorable Lord Byron (abuelo del poeta Lord Byron) visitó las islas y, en 1765, Byron descubrió y bautizó Port Egmont, una bahía plácida natural en Saunders Island al norte de West Falkland (fig.1). Es aquí que el 22 de enero de 1765, reclamó formalmente las islas Malvinas en nombre de Jorge III, sin conocimiento de que los franceses ya se encontraban ahí – de hecho, ellos lo vieron navegar siguiendo el perfil de la costa norte de las islas.

    En sus memorias, escritas en 1770, de Bougainville afirma que los franceses fueron quienes descubrieron Port Egmont antes que los británicos y lo llamaron “Point de la Croisade” y muchos autores tanto argentinos como británicos han seguido esta afirmación. Pero se equivocaba; los franceses nunca descubrieron Port Egmont en lo absoluto y el lugar bautizado por los franceses era uno completamente distinto: Keppel o Pebble Sound, no descubierto sino hasta un año después en abril/mayo de 1766. Los franceses solamente supieron dónde se ubicaba Port Egmont en diciembre de 1766 cuando el capitán británico John McBride visitó las islas y les dijo a los franceses dónde estaba.

    Hasta 1670, los españoles no habían mostrado interés en las islas y no tenían un nombre español para ellas. El asentamiento francés, sin embargo, fue visto por los españoles como una amenaza estratégica para los intereses de España en Sudamérica; el gobierno español declaró que esas islas eran legítimamente españolas y en 1767 forzaron el traspaso del asentamiento francés a España. Esto no era una cuestión de si era correcto o incorrecto; los franceses no reconocían ningún título español que los superase, sin embargo, las familias reales francesas y españolas estaban vinculadas por el Pacto Familiar de los Borbón y Francia simplemente cedió ante la presión española. El mismo Bougainville no creía que España tuviese un título que lo superase – en 1780 incluso le envió una carta a Napoleón urgiéndolo a considerar el reclamo francés sobre las Malvinas en las negociaciones que culminaron en la firma de de la Paz de Amiens (1781).

    Los españoles bautizaron a las islas como “Islas Malouinas” a raíz del nombre francés, “Malouines”; cambiaron el nombre de Port Louis a Puerto Soledad y, por 44 años (1767-1881), España mantuvo una guarnición y una colonia carcelaria ahí. La presencia de mujeres fue pronto proscrita y las islas se convirtieron en un destino de sufrimiento odiado por los criminales desterrados allá. Buques británicos y estadounidenses continuaron navegando por las islas, ignorando a los españoles.

    El 10 de junio de 1770, luego de haber descubierto el asentamiento inglés en Port Egmont, los españoles atacaron y expulsaron a la guarnición británica. Gran Bretaña y España llegaron cerca de un conflicto bélico, cuyo fin fue finalmente anunciado por un acuerdo firmado en enero de 1771 en el cual Port Egmont les fue devuelto a los británicos.

    Los Panfletos Argentinos de 2007 (inglés: p.1, español: p.4) afirman que el acuerdo contenía:

    … una Declaración por la cual España restauró el control de Port Egmont a los británicos a fin de salvaguardar el honor del Rey de Inglaterra, dejando en claro la expresa reserva de su soberanía (española) sobre las Malvinas en conjunto, incluyendo una Aceptación de su Declaración ante la cual Gran Bretaña se mantendría en silencio respecto a la reserva de los derechos españoles.

    Ello no es cierto. Tal reserva de los derechos españoles ya se había propuesto de diciembre de 1770 durante las negociaciones, dejando en claro que tal acuerdo “no podía perjudicar los anteriores derechos del Rey de España sobre las islas”, pero a insistencia de Gran Bretaña, esto fue removido del texto final del tratado Anglo-Español. El acuerdo, tal cual fue firmado en Londres el 22 de enero de 1771, simplemente estipula lo siguiente:

    … que el compromiso de Su Católica Majestad (el Rey de España) para restaurar a Su Británica Majestad la posesión del puerto y fuerte llamado Egmont no puede ni debe bajo ninguna circunstancia, afectar la cuestión del derecho previo de soberanía de las Islas Malouines, de otra forma llamadas islas Falkland.

    En otras palabras, la cuestión del derecho previo de soberanía se dejó tal cual era previa a la disputa – los derechos de ambos países permanecieron intocables, los de Gran Bretaña así como los de España. Ello fue confirmado por el Doctor Samuel Johnson, la figura literaria británica más importante de la segunda mitad del S.XVIII en una de sus más famosas obras escritas sobre las Islas Malvinas. Sin embargo, Argentina persistentemente ha difundido una falsa versión de dicha declaración a pesar de que el texto original es fácilmente asequible y esa versión ha sido sistemáticamente citada por otros incluyendo el Profesor Dolzer quien dice: “debe observarse que España explícitamente hizo reserva de sus derechos sobre las islas mientras que Gran Bretaña en ningún momento hizo mención alguna al asunto de la soberanía” Una lectura del texto original confirma que los derechos de ambos países fueron preservados.

    La afirmación argentina (hecha por primera vez en 1833) de que Gran Bretaña prometió verbalmente y en secreto evacuar las Malvinas tampoco es cierta. Hubo rumores de dicha promesa en los años 1770s y en adelante y un retiro mutuo de España y Gran Bretaña de las Malvinas fue discutido en las negociaciones, mas finalmente, rechazado. En 1833, el Secretario de Asuntos Exteriores británico, el Vizconde Palmerston solicitó al abogado del Rey, Sir Herbert Jenner, examinar concienzudamente los documentos relevantes en los archivos británicos. Los hallazgos de Jenner refutaron cualquier idea de una promesa secreta y todos los documentos relevantes fueron posteriormente enviados al chargé d’affaires (encargado de negocios) argentino Manuel Moreno para hacer válido su argumento. Más aún, no todos los historiadores argentinos concuerdan con que Gran Bretaña efectivamente hizo un pacto secreto con la intención de abandonar las islas para el momento de la firma del acuerdo de 1771. Diego Luis Molinari afirma que los británicos dijeron que se irían, pero no lo hicieron a nivel diplomático en capacidad ministerial. El Profesor Dolzer también concuerda en que “ningún acuerdo vinculante fue hecho”.

    Gran Bretaña de hecho abandonó Port Egmont por 4 años en 1774 a raíz de una “medida económica” – las colonias británicas en Norteamérica comenzaban a mostrar señales de disturbios políticos, por lo cual fue necesario re-desplegar las fuerzas británicas a fin de contrarrestar la Revolución Americana más que por abandonar Port Egmont. Diego Molinari incluso identifica tal causa como “una de las razones para la el retiro británico”.

    (continua)

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    (continua)

    9- Las Convenciones de Nootka Sound (Tratado de San Lorenzo), 1790

    En 1790, casi estalla una guerra entre España y Gran Bretaña por la posesión de Alaska (la cual para entonces se había “convertido” en posesión española gracias a las Bulas Papales y el “Tratado” de Tordesillas). La guerra fue evitada en aquella oportunidad por un tratado conocido en inglés como Nootka Sound Convention, a raíz de una ensenada en la isla de Vancouver donde nació la disputa. El Artículo III de este tratado (conocido en español como “Tratado de San Lorenzo”) garantizó libertad de los mares tanto para Gran Bretaña como para España, de tal manera que Gran Bretaña estaba impedida de comerciar ilícitamente con los asentamientos españoles (Artículo IV) y que tanto España como Gran Bretaña acordaban no formar nuevos asentamientos en costas Sudamericanas situadas hacia el sur de costas o islas ya ocupadas por España (Artículo VI).

    Los Panfletos Argentinos de 2007 (inglés: p.2, español: p.5) afirman correctamente que:

    En 1790 con la firma del Tratado de San Lorenzo del Escorial (léase Nootka Sound Convention, firmado en el Palacio del Escorial cerca de Madrid) Gran Bretaña asumió no establecer ningún asentamiento ya fuese en la costa este u oeste de Sudamérica o las islas adyacentes al continente ocupadas en ese momento por España tales como las islas Malvinas.

    Lo que los Panfletos omiten mencionar, sin embargo, es que existieron dos importantes adiciones: el artículo VI expresamente permitía a los marinos británicos (muchos de los cuales participaban de la cacería de focas) desembarcar en dichas costas y construir refugios y más importante aún, un artículo secreto extra que removió la restricción sobre edificar nuevos asentamientos en caso de que alguna otra potencia efectivamente fundara un asentamiento al sur de “las partes de la costa para entonces ocupadas” por España. Hacia fines de los años 1820 (ver secciones 12 y 14), Argentina de hecho formó un establecimiento en Port Louis en las Malvinas, al sur de las costas ya ocupadas por España en 1790. Por una interpretación estricta del Tratado de San Lorenzo, Gran Bretaña entonces se vio con derecho a formar establecimientos en las Malvinas ni bien Argentina hizo lo propio.

    El historiador argentino Diego Luis Molinari cree que esa cláusula secreta se incluyó en el tratado teniendo específicamente las islas Malvinas en mente y que la reafirmación de soberanía británica de 1833 (ver secciones 18 y 19) fue un ejercicio por parte de Gran Bretaña de sus derechos bajo dicha cláusula. En la opinión del Profesor Dolzer, dicho tratado fue exclusivamente un acuerdo bipartito entre España y Gran Bretaña, lo que significa que Argentina no podría haberse beneficiado de tal previsión en ninguna forma.

    10- España Abandona las Islas, 1811; David Jewett, 1820

    En 1810, una revuelta en contra del poder colonial español estalló en Buenos Aires; en 1811, la guarnición española fue retirada de las Islas Malvinas y enviada a Montevideo (hoy en Uruguay); el Virreinato español de Río de la Plata se fracturó en una serie de países independientes (Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia) y para 1826, toda Sudamérica era independiente con la excepción de Cuba y Puerto Rico (en manos españolas hasta 1898 ). Luego de 1811, las Malvinas carecían de población residente, aunque eran visitadas regularmente por navíos británicos y estadounidenses cuyas tripulaciones pasaban largo tiempo en sus costas, construyeron refugios de piedra e inclusive sembraron vegetales. De tal manera que el idioma hablado en y alrededor de las islas Malvinas desde 1811 en adelante fue el inglés, como había sido desde inicios de los años 1770 con la excepción de Puerto Soledad.

    Por algunos años hasta mediados de los 1820, España luchó contra las nuevas repúblicas americanas incluyendo Argentina, quien empleó naves de corsarios (naves de propiedad privada alquiladas para los fines que requiriese el gobierno) para capturar navíos españoles. Una nave de corsarios argentina fue el Heroína, el cual se hizo a la mar en 1820 bajo el comando de un capitán estadounidense llamado David Jewett – por ese entonces, las naves de las armadas sudamericanas eran tripuladas por mercenarios británicos y estadounidenses. El Profesor Dolzer afirma que Jewett fue enviado “con instrucciones específicas de adquirir posesión de las islas” y muchas fuentes argentinas afirman lo mismo a pesar de que no existe evidencia alguna para sustentar tal afirmación y mucha evidencia en contra. Jewett dejó el Río de la Plata en el Heroína el 21 de marzo de 1820 en búsqueda de víctimas españolas. Pasó varios meses, desde marzo a octubre de 1820, en vano buscando presas españolas, pero su viaje fue un desastre. Su tripulación se enfermó de escorbuto y se amotinó, teniendo él que mandar ejecutar a 6 marineros. Para colmo de males, no encontró ningún barco español pero llegó a capturar uno portugués, el Carlota, lo cual constituía un acto de piratería ya que Argentina y Portugal no estaban en guerra. Probablemente habría intentado llevar el Carlota a Buenos Aires de no ser porque lo perdió en medio de un temporal, de modo que decidió navegar hacia las desoladas Malvinas a fin de que su tripulación pudiese recuperarse, mas no abandonarle y seguramente capturar cualquier barco español que pudiese encontrar, de lo contrario tendría que haber vuelto a Buenos Aires con las manos vacías lo cual no le reportaría ganancia alguna para sus accionistas o sus hombres. Su nave se encontraba con las justas en condiciones de navegabilidad para cuando arribó a las Malvinas el 27 de octubre de 1820 y solo tenía en buenas condiciones a 12 miembros de su tripulación.

    Berkeley Sound parecía desierto para cuando Jewett arribó, pues soltó anclas bastante lejos y solo consiguió establecer contacto con el capitán James Wedell del bergantín británico Jane, anclado en Salvador varias millas al oeste por sobre las colinas. Wedell debió caminar más de siete millas por tierra para llegar a la nave de Jewett. Wedell le asistió en mover su nave al fondeadero en Port Louis y el 6 de noviembre de 1820, Jewett hizo una proclama “tomando posesión” de las islas para Argentina, siendo testigos algunos capitanes de navíos que acababan de llegar. Nadie sabe con exactitud qué formulación exacta Jewett usó y no se ha encontrado registro escrito de cuales exactamente fueron sus órdenes. El capitán William Orne de la goleta estadounidense General Knox parece haberse perdido la “ceremonia de toma de posesión” de Jewett, por lo cual éste le entregó una carta informándolo del hecho.

    Jewett y su tripulación “vegetaron”, tal como lo definió uno de los miembros de la tripulación, en las islas por seis meses pues ningún barco español hizo aparición. En su desesperación, Jewett se hizo de un navío estadounidense, el Rampart, que llevaba carga española, por tanto cometiendo piratería por segunda vez. Escribió un extenso reporte a Buenos Aires con fecha 1 de febrero de 1821 describiendo su viaje pero omitiendo cualquier referencia a un reclamo sobre las Malvinas y solicitó ser relevado. Abandonó las islas en abril de 1821; su sucesor como capitán del Heroína, el inglés William Mason, dejó Port Louis tres semanas después, nuevamente dejando Port Louis inhabitado. Mason también capturó un navío portugués pero fue capturado por los portugueses en 1822, acusado de piratería en una corte de Lisboa y sentenciado a prisión. El tribunal también acusó de piratería a Jewett, aunque para entonces él ya estaba en Brasil. Constituye un argumento dudoso el considerar si un anuncio hecho por un pirata, mantenido en secreto, pueda constituir un reclamo territorial válido.

    Al retornar a su puerto base en Salem, Massachussetts, el capitán Orne entregó la carta de Jewett al periódico local, el Salem Gazette, el cual la publicó el 8 de junio de 1821 y que fue reproducida por el Times de Londres el 3 de agosto de 1821. De no haber sido por la publicación de dicha carta y una mención como registro en un libro escrito por James Wedell cinco años después, el reclamo de Jewett sería completamente desconocido hoy en día. La reproducción hecha por el Times de la carta entregada por Orne fue duplicada en un diario de Gibraltar y rescatada por el periódico español El Semanario de Cádiz. Solo entonces, cuando el reporte de Cádiz llegó a Buenos Aires como una noticia internacional, fue que el “reclamo” hecho por Jewett se dio a conocer en Argentina. Fue publicado por el Argos de Buenos Aires el 10 de noviembre de 1821, más de un año después de ocurrido el evento.


    Fig.5. El único anuncio público hecho en Argentina del reclamo hecho por Jewett – publicado por el Argos de Buenos Aires el 10 de noviembre de 1821, más de un año luego de transcurrido los eventos, presentado como una historia ocurrida en el extranjero.

    Los Panfletos Argentinos de 2007 dicen (inglés: p.2, español: p5) que ni Gran Bretaña ni los Estados Unidos presentaron ninguna objeción frente al anuncio de Jewett de “toma de posesión” de las islas Malvinas, por tanto implicando que ambos países consintieron a ello. Sin embargo, el gobierno de Buenos Aires nunca hizo ningún anuncio oficial (pues no sabía lo que estaba pasando en las islas) y como no existían relaciones diplomáticas entre Argentina y el Reino Unido entonces, no existían canales que permitiesen algún tipo de reacción.

    En 1832, Louis Vernet (ver sección 11) incluyó un recuento totalmente errado de las actividades de David Jewett en un reporte enviado al Ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, Vicente de Maza, como parte de una defensa de sus propias acciones que habían causado una crisis con los estadounidenses (ver sección 16). Vernet argumentó que Jewett había encontrado cincuenta barcos en las Malvinas, les había ordenado que dejasen de pescar (léase, cazar focas) y comandado a retirarse. Esto era completamente falto a la verdad. Jewett “vegetó” en Puerto Soledad (Port Louis), no le dio órdenes de ninguna clase a nadie. Vernet estaba (quizás deliberadamente) confundiendo el actuar de Jewett con el suyo propio 12 años después. El recuento falso de Vernet se ha convertido en extendida creencia y es repetido en muchos libros, incluso el escrito por el Profesor Dolzer.

    (continuará... hasta entonces, feliz lectura)
    Last edited by Invitado; 12-06-2008 at 12:11 AM.

  5. #5
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    Muchas gracias Fulcrum por el trabajo que implica traducir, corregir y subir al foro esta informacion.

    Muchas de los episodios que alli se narran son conocidos, otros sorprendentes.

    Antes de abrir ningun tipo de opinion, esperare ( ansioso) el resto del trabajo.

    Entonces, apurate!

    saludos

  6. #6
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    De nada, naval, siempre un placer poder aportar en lo que se pueda.
    Secundo tu decisión de no postear hasta que esté todo el documento disponible, pero debo advertir que eso puede tomar cierto tiempo (aunque con esta entrega ya estoy en la mitad).
    (Continuando pues con la entrega de este fascinante artículo)

    11- Louis Vernet; Pablo Areguati

    Ambos Panfletos Argentinos de 2007 hacen mención a David Jewett, quien pasó solamente seis meses en las Malvinas exclusivamente en Port Louis sin lograr nada salvo leer una proclama, disparar una salva de saludo y cometer actos de piratería.

    Pero ninguno de los Panfletos menciona a Louis Vernet (1791-1871), quien pasó varios meses en las islas y fundó el asentamiento permanente que aún existe en la actualidad. Es a través de Louis Vernet que Argentina adquirió las bases para fundamentar un reclamo sobre las Malvinas en primera instancia, mas su papel es no obstante suprimido – su preferencia recurrentemente expresada hacia la soberanía británica (ver secciones 15 y 28 ) ha conducido a ciertos historiadores argentinos a calificarlo de “apátrida”.

    Vernet era descendiente de franceses protestantes (hugonotes), nacido en Hamburgo, Alemania y pasó algunos años en Estados Unidos antes de establecerse en Buenos Aires. Hablaba con fluidez francés, alemán, inglés y español y estableció un asentamiento en Puerto Soledad (al cual restituyó su antiguo nombre francés, Port Louis), el cual por aquel entonces mantenía una población de 80-90 personas de numerosas nacionalidades, incluyendo británicos, estadounidenses, alemanes y argentinos.

    Ambos Panfletos (inglés: p.2, español: p.5) afirman que:

    Durante los años 1820, sucesivos gobiernos argentinos tomaron varias acciones confirmando la soberanía sobre las Islas Malvinas, incluyendo el nombramiento de un gobernador, legislaciones sobre recursos pesqueros y el otorgamiento de concesiones territoriales.

    De hecho, jamás hubo tal cosa como un “gobernador”, tan solo un “comandante militar y civil” (el propio Louis Vernet), el cual no fue investido con el título sino hasta junio de 1829. Lo que en realidad ocurrió fue más complejo que eso.

    Vernet terminó asociándose con Jorge Pacheco, un empobrecido veterano de guerra argentino de la lucha de independencia contra España. La esposa de Pacheco, Dionisia Obes era la hermana de Cipriana Obes, la esposa de Bernardo Bonavia, uno de los últimos comandantes de los asentamientos españoles en las Malvinas. Es mediante esta conexión que Vernet se entera de la existencia de ganado s.alvaje en las Malvinas, al mismo tiempo que su propia ocupación consistía en la matanza y posterior despiece de carne de ganado s.alvaje en Argentina – poseía una estancia al sur del río Salado, a tan solo 100 kilómetros al sur de Buenos Aires. Este río servía de frontera con el territorio por entonces aún controlado por nativos indígenas, quienes lucharon desesperadamente durante décadas contra los colonos argentinos quienes invadían sus tierras ancestrales. Los indios asesinaron a uno de los hermanos de Vernet, Federico, y su propio cuñado, el capitán Antonio Sáez, se hizo del ganado de Vernet e incendió sus propiedades.

    El gobierno de Buenos Aires debía dinero a Pacheco, el cual no podía pagar. El 23 de agosto de 1823, a fin de mejorar su situación económica, Pacheco, apoyado por Vernet, se acercó al gobierno con la intención de solicitar autorización para explotar los recursos ganaderos salvajes y pinnípedos marinos de las Malvinas. Tal permiso le fue concedido el 28 de agosto de 1823. Pacheco y Vernet alistaron una expedición y, al tiempo en que estaba lista para partir, hizo otra solicitud el 18 de diciembre de 1823 para la concesión de un predio de tierra, cañones y el nombramiento de un oficial retirado de la milicia, Pablo Areguati, como comandante “no remunerado” de su asentamiento. La concesión de tierras fue hecha ese mismo día, mas no se le entregaron cañones y Areguati no fue nombrado en el cargo. Esto resulta sumamente claro en la respuesta enviada por el gobierno de Buenos Aires:

    El Gobierno, ante el deber de proteger las rutas de intercambio comercial y asistir a todas las ramas de comercio en el país, considera pertinente conceder al solicitante de forma gratuita las tierras que pide bajo la obligación absoluta de llevar a cabo las mediciones topográficas de rigor a fin de obtener los respectivos títulos de propiedad, por tanto el Gobierno absteniéndose de proveer tal servicio así como de los puntos remanentes requeridos por el solicitante.

    De tal manera que el gobierno formuló una reserva de espera y a Areguati no se le otorgó ningún rango. Ello se apoya en el hecho de que en las pocas comunicaciones efectuadas por él que sobreviven en el Archivo General de la Nación (ANG), en ninguna se sugiere que haya tenido efectivamente una posición oficial. Tampoco, aparentemente, que ningún anuncio público al respecto fuese hecho respecto a dicha concesión o a la expedición propuesta.

    El historiador argentino Ricardo Caillet-Bois, autor de la obra más detallada sobre el reclamo argentino, propone una versión deliberadamente inexacta respecto del nombramiento de Areguati. Mas otro distinguido historiador argentino, Mario Tesler, la rechaza tajantemente en un artículo publicado el 6 de junio de 1974 en el diario bonaerense Clarín titulado “Gobernadores que Nunca Fueron”. En él se afirma categóricamente que Areguati jamás fue nombrado en el cargo. Tesler es la autoridad líder en el tema Malvinas en Argentina hoy en día: él menciona que “en realidad, se trató solamente de una petición; él no fue nombrado en el cargo”.

    Por ese entonces las Malvinas estaban consideradas como res nullius, “tierra de nadie”, a pesar de existir tres limitaciones al respecto: España todavía reclamaba las Islas, Gran Bretaña tenía un reclamo pendiente desde la fundación de Port Egmont 50 años antes y finalmente, fuese válido o no, Gran Bretaña poseía aún derechos limitados (de desembarco, de edificar refugios, etc.) de acuerdo al Tratado de San Lorenzo (Nootka Sound Convention) firmado con España. Los derechos británicos bajo el Tratado de San Lorenzo eran exiguos, pero habían sido defendidos y ratificados de forma constante por más de 30 años y presentaban una clara limitación para los intentos de otros países de proclamar soberanía absoluta.

    Pablo Areguati abandonó Buenos Aires en enero de 1824 con aproximadamente veintiséis gauchos y desembarcó en Port Louis en las Malvinas el 2 de febrero. La expedición resultó ser un desastre. El 12 de febrero, Areguati envió una carta a Pacheco describiendo la “desesperada situación” de la expedición. Se alimentaban de conejos silvestres, carecían de pólvora para poder cazar y de caballos apropiados para siquiera abandonar el campamento – “estamos pereciendo”, comenta. La expedición colapsó luego de tan solo unos meses y recibos en los archivos en Buenos Aires demuestran que Areguati canceló la deuda de los gauchos que sirvieron en la expedición en julio y agosto de 1824.


    Fig.6. Carta de Areguati describiendo la calamitosa situación de la expedición.

    Todos los miembros de la expedición retornaron a Buenos Aires para agosto de 1824, dejando las Malvinas deshabitadas salvo por las tripulaciones de los buques ingleses y estadounidenses.

    No obstante, el gobierno argentino ha reclamado, aún ante las Naciones Unidas, que designó a un “gobernador” para las islas Malvinas en 1823:

    En 1823, el gobierno de Buenos Aires designó a don Pablo Areguati como Gobernador de las Islas Malvinas (…) Una expedición envió las provisiones necesarias para el nuevo asentamiento, mas el mismo solo prosperó de manera parcial

    Todo ello es falso. Areguati nunca fue “Gobernador”; no hubo ningún gobernador designado por Argentina en lo absoluto en las Malvinas a lo largo de todo 1823 y en 1824, la expedición no “prosperó de manera parcial”: fue abandonada completamente luego de cinco meses. El Profesor Dolzer añade otros elementos de ficción al decir:

    En 1823, el gobierno de Buenos Aires designó al primer gobernador argentino, quien fue momentáneamente exitoso en hacer cumplir las regulaciones de caza y pesca… Argentina designó a un gobernador en ese momento (1823) y existe evidencia de que pescadores extranjeros que desembarcaron en las islas por aquel entonces respetaron y siguieron las órdenes impuestas por Argentina respecto a derechos de pesca en los años subsiguientes.

    Ello constituye un completo sinsentido. Areguati y su minúscula partida apenas pudieron sobrevivir ellos mismos, mucho menos impartir órdenes respecto a derechos pesqueros.

    Es en gran medida en base a esta interpretación histórica errónea de las actividades de David Jewett y Pablo Areguati que el Profesor Dolzer sustentó su comentario durante el seminario de 2007 en el cual afirmó que Argentina se había establecido satisfactoriamente en las Malvinas antes que los británicos interpusiesen cualquier protesta.
    Por dos años entre mediados de 1824 hasta junio de 1826, no hubo ninguna presencia argentina en las Malvinas y los reportes que afirman que Argentina mantenía un “gobernador” en las islas al momento en que Gran Bretaña firmó un Acuerdo de Amistad y Navegación con Argentina en 1825 no son ciertos. Sea cual fuere el caso, el tratado de 1825 no decía nada referente a la extensión del territorio argentino y el tema de la navegación se refería exclusivamente al Río de la Plata. El Profesor Dolzer y los Panfletos Argentinos de 2007 (inglés: p.2, español: p.5) insinúan que la ausencia de objeciones por parte de Gran Bretaña al momento de la firma del tratado de 1825 representa un argumento a favor del reclamo argentino, mas ello constituye un completo disparate.

    (continua)
    Last edited by Invitado; 11-06-2008 at 11:06 PM.

  7. #7
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    (continúa)



    12- La Expedición de Vernet de 1826 y la concesión de 1828


    Louis Vernet partió entonces por su cuenta rumbo a las Malvinas en 1826 acompañado por un grupo de 25 gauchos a fin de intentar recuperar algo del dinero perdido en la expedición de 1824. Se topó con serias dificultades pero se rehusó a rendirse y desde junio de 1826 en adelante, algunos empleados suyos (gauchos) se alojaron en construcciones semi-derruidas en Port Louis. Las Malvinas han albergado a una población estable desde entonces, sin interrupción.

    Resultaba difícil ganar dinero únicamente con la matanza de ganado s.alvaje, de manera que el 5 de enero de 1828, Vernet se acercó al gobierno de Buenos Aires personalmente con una propuesta de colonización: solicitó se le concediera la isla de East Falkland si pudiese fundar una colonia allí, cuyo crecimiento sería fomentado por el gobierno argentino mediante privilegios. En adición a East Falkland, Vernet solicitó también la Isla de los Estados (“Statenland”, en Tierra del Fuego), más el derecho a la pesca en las aguas a lo largo de todo el archipiélago de las Malvinas así como en la totalidad de las costas pertenecientes a la República, así como exoneración tributaria por 30 años. Se trataba pues de una solicitud impresionante – casi la totalidad de dichos territorios se encontraban fuera de de los verdaderos límites de la autoridad argentina por aquel entonces.

    Aún así, el gobierno de Buenos Aires accedió a tal petición el mismo día, 5 de enero de 1828: se le concedió a Vernet la totalidad de Statenland (donde abundaba la madera, inexistente en las Malvinas) y todo cuanto solicitó en East Falkland, salvo unas treinta leguas cuadradas previamente otorgadas a Pacheco (las cuales Vernet posteriormente compró) y diez leguas cuadradas próximas a San Carlos Water que el gobierno había reservado para sí. Obtuvo también los derechos pesqueros a lo largo de la línea costera continental, pero solamente hasta el sur de Río Negro y le fue concedida la exoneración de impuestos por 20 años. Una condición de la concesión consistía en que Vernet debía formar una colonia en un lapso de tres años, lo cual lo sometió a presión por hacer las cosas rápidamente. Vernet estaba consciente de que distaba de estar claro si el gobierno de Buenos Aires tenía o no derechos legítimos sobre esas regiones australes y que él mismo estaba proveyendo al gobierno de fundamentos para sustentar una reclamación:

    .. habiéndome percatado de de las ventajas naturales que pueda proveer al país, concebí el proyecto de establecer una colonia directamente subordinada a Buenos Aires la cual, a su vez, daría al estado el beneficio de sentar soberanía sobre estas costas e islas australes más allá de cualquier dubitación.

    En otras palabras, fue Vernet quien finalmente proveyó a Buenos Aires de derechos sobre las Malvinas y no a la inversa. Él estaba consciente de que el estado irresoluto de cualquier reclamo argentino sobre la zona no le significaba necesidad de acercarse directamente al gobierno, mas se encontraba protegiéndose a sí mismo en caso de problemas – él mencionaría posteriormente que su intención no fue la de fortalecer los derechos de Buenos Aires, sino de “asegurar la mejor protección posible para mi nueva colonia por parte de las autoridades del momento, sin importar quiénes pudiesen ser” (ver sección 28 )

    En todo caso, él debidamente llevó más gente hacia Port Louis, donde pronto se afincó una población de 50 personas aproximadamente. Sin embargo, las acciones que tomaría a continuación – y algunas que llevó a cabo posteriormente, ver secciones 15 y 28 – explican por qué fue omitido de los Panfletos Argentinos de 2007.

    13- Vernet presenta sus concesiones a los británicos

    Para entonces, Vernet debió haber estado al tanto de los reclamos británicos sobre las islas Malvinas. Presentó sus concesiones de tierras al Consulado Británico en Buenos Aires, donde el Vice-Cónsul Charles Griffiths la refrendó el 30 de enero de 1828; si Vernet estuvo o no en contacto con el Ministro británico Woodbine Parish en ese entonces es incierto. Vernet ciertamente conoció a Parish un año después, habida cuenta de reportes de prensa argentinos revelaron en 1829 que un presidio (colonia penal resguardada por una guarnición militar) habría de ser construido en las Malvinas – lo cual no habría constituido una empresa privada como sí lo era el negocio de matanza y despiece de ganado, como la actividad económica que ejercía Vernet hasta 1826. Parish solicitó una audiencia con Vernet y, el 25 de abril de 1829, envió un albarán al Secretario de Asuntos Exteriores del Reino Unido, Lord Aberdeen, reportando sus conversaciones con Vernet. Parish dijo:

    Considero que él (Vernet) estaría muy complacido si el Gobierno de Su Majestad tomase este asentamiento bajo su protección: - parte con destino a las Malvinas junto a su familia en aproximadamente un mes y pretende residir allí, según dice, por algunos años promoviendo los propósitos de su colonia.

    Vernet hizo entrega a Parish de una copia de sus concesiones y una descripción de los habitantes de su asentamiento hasta la fecha (abril de 1829), la cual Parish también despachó a Aberdeen. En base a estos envíos, la Oficina de Asuntos Exteriores del Reino Unido (Foreign Office) instruyó a Parish interponer una protesta ante tal violación a los intereses soberanos británicos. Esto ocurrió antes que el gobierno británico supiera de cualquier reclamo argentino sobre las islas Malvinas.

    Vernet se mostraba inclinado a atraer colonos británicos y alemanes a las Malvinas habida cuenta de que no mantenía una buena impresión de los sudamericanos, a pesar de que los gauchos (vaqueros sudamericanos) eran esenciales para sus actividades económicas, las cuales consistían primordialmente en dar muerte al ganado que vivía en forma silvestre en las islas a fin de comercializar su carne y cuero. Puso en marcha el asentamiento bajo su propio costo, sin ayuda financiera alguna del gobierno de Buenos Aires.


    14- El establecimiento de la Comandancia


    Ambos Panfletos Argentinos de 2007 mencionan que el 10 de junio de 1829, el gobierno de Buenos Aires emitió un decreto estableciendo la “Comandancia Política y Militar de las Islas Malvinas” y que el gobierno británico remitió una letra de protesta diplomática oficial a Buenos Aires ante tal decreto (inglés: p.2, español: p.5). El consenso británico era que las islas pertenecían a Gran Bretaña y que Argentina carecía de derechos para llevar a cabo cualquier cosa allí. Ello conformó la base de la protesta diplomática británica el 19 de noviembre de 1829, la cual salvaguardaba los derechos británicos. Debe recordarse que ningún país en el mundo aceptaba que dichas islas fuesen argentinas – Gran Bretaña las consideraba británicas, Estados Unidos las consideraba abiertas para todos. España todavía mantenía su reclamo y quizás hasta Francia haya albergado deseos respecto a las mismas, quizás considerándolas por derecho francesas ya que fueron los franceses los primeros en asentarse en ellas.

    Debe notarse además que el gobierno de Buenos Aires de aquella época distaba mucho de ser legal. Estaba dirigido por el General Juan Lavalle, quien llegó al poder mediante golpe de estado en diciembre previo y asesinado al legítimo gobernante, Manuel Dorrego. Luego del derrocamiento de Lavalle más adelante en 1829, el Brigadier Juan Manuel Ortiz de Rosas tomó posesión legítima del poder – y declaró todos los actos perpetrados durante el gobierno de Lavalle como ilegítimos y nulos.



    15- La preferencia de Vernet por los británicos


    Tal como hemos visto previamente (ver sección 13), en abril de 1829, Vernet le dijo al Ministro Británico en Buenos Aires, Woodbine Parish, que él estaría más que complacido si su asentamiento estuviese bajo soberanía británica y dos meses después en junio de 1829, luego de haber partido de Buenos Aires hacia las islas, ¡Vernet incluso escribió y envió dos cartas dirigidas a Parish invitándolo a invertir en su colonia!

    Vernet incluso hizo otra petición a favor de la soberanía británica a William Langdon, un teniente naval británico, quien visitó Port Louis a fines de 1831 e hizo arreglos para adquirir la primera concesión de tierras de Vernet en las Malvinas. Vernet sabía que tal mensaje sería remitido al gobierno británico tal como de hecho hizo Langdon, indicando lo siguiente:

    … a partir de una conversación que tuve con el señor Vernet en relación al tema, estoy autorizado a afirmar que ninguna objeción será interpuesta para su ocupación por el Gobierno Británico, siempre y cuando no se interfiera con la propiedad privada.

    Esto es bastante conocido por historiadores en Argentina e incluso Ricardo Caillet-Bois hace referencia a ello.

    A pesar de que fue gracias a Louis Vernet que existió presencia argentina alguna en las islas y por tanto, la base para su reclamo de soberanía en la actualidad, es por ello que el nombre de Vernet es omitido en ciertas publicaciones argentinas, incluyendo los Panfletos de 2007. Vernet proveyó aún más evidencia de su preferencia por los británicos en sus comunicados con el gobierno británico en los años posteriores a la reafirmación británica de soberanía y cuando viajó a Gran Bretaña en 1852 (ver sección 28 ).

    (continua)
    Last edited by Invitado; 11-06-2008 at 11:19 PM.

  8. #8
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    (continua)




    16- La incautación de navíos estadounidenses y la “incursión del Lexington”, 1831-32


    Pero Vernet sembró las semillas de su propia caída. En 1832, incautó tres barcos foqueros estadounidenses, Harriet, Superior y Breakwater, tomando a miembros de su tripulación como prisioneros, acusándolos de llevar a cabo matanzas “ilegales” de focas en las islas. No incautó ninguna nave británica – había sido advertido por el gobierno británico de no hacerlo y, en cualquier caso, esperaba contar con protección británica y soberanía británica sobre las Malvinas. La tripulación del Breakwater recapturó su propia nave y escapó de vuelta hacia los Estados Unidos y Vernet envió al Superior a cazar focas para su propio beneficio, mas éste retornó eventualmente a los EE.UU. dejando a Vernet tan solo con el Harriet, en el cual él y su familia abandonaron las islas y regresaron a Buenos Aires el 7 de noviembre de 1831. Jamás volvería a pisar las Malvinas.

    Balleneros y foqueros estadounidenses, así como los británicos, habían visitado recurrentemente las islas por más de sesenta años; el gobierno estadounidense no reconoció ningún tipo de soberanía territorial sobre las Malvinas y negó que Vernet (o Argentina) poseyeran autoridad alguna sobre las islas. La Armada de los Estados Unidos había sido informada del acoso que Vernet perpetraba contra las naves estadounidenses y, en su discurso State of the Union el 6 de diciembre de 1831, el Presidente Andrew Jackson interpuso una queja ante las acciones de agresión perpetrados contra navíos estadounidenses en las Malvinas y anunció que el gobierno de los Estados Unidos enviaría otra nave a fin de proteger los intereses estadounidenses en las islas. Durante los siguientes meses, los estadounidenses reforzaron su escuadra estacionada en Rio de Janeiro, en caso fuese necesario navegar hacia las Malvinas para proteger sus intereses.

    Sin embargo, un capitán estadounidense había ya partido para entonces, habiendo recibido órdenes generales de defender los derechos estadounidenses en las Malvinas. Se trataba de la balandra USS Lexington, comandada por el Capitán Silas Duncan, quien arribó a Buenos Aires en noviembre de 1831 para encontrar al Harriet detenido allí. Luego de consultar al cónsul estadounidense George Slacum, quien había protestado para impedir la incautación perpetrada por Vernet de navíos norteamericanos, el capitán Duncan navegó hacia las Malvinas y, el 31 de diciembre de 1831, tomó prisioneros a los siete hombres quienes habían perpetrado la detención e incautación de las naves estadounidenses – su visita a las Malvinas se conoció como “la incursión del Lexington” y resultó en una aguda disputa entre Estados Unidos y Buenos Aires que duró por mucho tiempo.

    A fin de prevenir futuros hostigamientos hacia naves estadounidenses, Duncan y el Capitán Davison del Harriet anunciaron (quizás falsamente) que los barcos foqueros de Nueva York se aliarían para amonestar al asentamiento, llevando a sus habitantes a creer que éste no tenía futuro. Duncan también declaró que las islas “eran de propiedad común de todas las naciones” (acorde y en armonía con la política de estado de EE.UU. la cual negaba cualquier soberanía territorial allí).

    Duncan ofreció llevar a quien quisiese de vuelta a Montevideo, así que 25 de aproximadamente 70 habitantes aceptaron su oferta – se esforzó en hacer hacerlos sentir bienvenidos a abordar su nave. Adicionalmente, 13 de los 15 esclavos negros de Vernet fueron llevados a bordo por Henry Metcalf, el administrador estadounidense del asentamiento. Dos mujeres negras, sin embargo, no abandonaron las islas y vivieron como personas libres en las Malvinas por muchos años más; una de ellas (Gregoria Parry) falleció en Stanley casi 40 años más tarde en 1871. El Lexington entonces navegó con aproximadamente 46 personas del asentamiento abordo: 7 prisioneros, 13 esclavos y 26 colonos entre ellos dos familias alemanas con 5 niños entre ambas, una familia angloparlante con 4 niños y una pareja hispanoparlante con 1 hijo. Aparte de los 7 hombres tomados bajo arresto por Duncan, el resto no eran prisioneros quienes abandonaron las islas en forma semi-voluntaria (estimulados a irse por Duncan, quien exageró rumores acerca de los riesgos que enfrentaría el asentamiento). Al menos una familia italiana se mostró complacida de irse. La salida de estas personas, incluyendo casi la totalidad de los colonos europeos, representó un duro revés para el asentamiento de Vernet.

    Aproximadamente 24 personas permanecieron en el asentamiento, la mayoría, gauchos hispanoparlantes de Buenos Aires, quienes eran empleados de Vernet, así como varios indios charrúa quienes habían estado en guerra con las autoridades de Montevideo y habían huido a las Malvinas junto con Vernet para evitar ser encarcelados.

    El capitán Duncan liberó a todos los “no-prisioneros” en Montevideo y llevó a los 7 prisioneros a Rio de Janeiro, pero fueron finalmente retornados a Buenos Aires luego de ser transferidos a otro navío de guerra estadounidense y luego liberados. Ninguno de ellos había sido maltratado y para finales de abril de 1832, todos ellos eran libres.

    Una vez de vuelta en Buenos Aires, 3 de los “no-prisioneros” y los 7 prisioneros en su totalidad prestaron declaraciones bajo juramento de cómo Duncan había puesto fuera de servicio los cañones del asentamiento, enterrado los barriles de pólvora y destruido sus armas de fuego – lo cual por supuesto se había hecho a fin de evitar que cualquiera en las Malvinas pudiese cometer actos de agresión contra barcos estadounidenses. Duncan también se llevó consigo propiedad perteneciente a los navíos estadounidenses capturados. Pero ninguna de esas declaraciones menciona ningún tipo de daño perpetrado contra las edificaciones o instalaciones del asentamiento y queda claro que ningún daño material significativo fue hecho – todas las casas permanecieron habitables, el asentamiento continuó su vida con una reducción significativa en su población, la cual se dedicó a vender carne de vacuno y provisiones por cuenta de Louis Vernet.

    El Presidente Andrew Jackson elogió a Duncan por sus acciones – Levy Woodbury, Secretario de la Armada de Estados Unidos, escribió una carta a Duncan diciendo “… el Presidente de los Estados Unidos aprueba el curso de acción tomado por usted y le resulta sumamente gratificante la presteza, firmeza y eficiencia de vuestras medidas”.

    Ambos Panfletos Argentinos sostienen que un navío de guerra norteamericano “arrasó” con el asentamiento, insinuando que fue totalmente destruido (inglés: p.2, español: p.5 – 6). Ello no es cierto. Ninguno de los testigos mencionó daño alguno a las edificaciones y es claro que el capitán Duncan pretendió que la vida en el asentamiento continuara – reconoció su valor como proveedor de pertrechos y provisiones a las naves que visitaban las islas (siempre que no se perpetrasen más actos de agresión contra los barcos estadounidenses) y entregó certificados a los habitantes que permanecieron en Port Louis declarando que no tuvieron parte en ninguna maniobra de hostigamiento contra navíos estadounidenses.

    La escuadra estadounidense continuó congregándose en Rio de Janeiro, presta a poner proa hacia las Malvinas en caso que hubiese sucesiva interferencia de las actividades de los navíos de dicho país. La acumulación de fuerzas estadounidenses preocupó al Almirante Sir Thomas Baker, comandante de la Estación Británica del Atlántico Sur, quien reportó al Reino Unido que los Estados Unidos podrían estar preparándose para enviar una escuadra de guerra a las Malvinas. Finalmente, ello obligó al gobierno británico a manifestarse a fin de defender su reclamo de soberanía y, a fines de 1832, el Almirantazgo emitió órdenes para que un buque de guerra británico visitase anualmente las islas a fin de mantener los derechos de soberanía británicos y prevenir que cualquier fuerza extranjera (que hasta ese momento solo podría haber sido estadounidense o argentina) se estableciese allí. Vale la pena recalcar que la medida solo previó la visita anual de un buque británico a las islas, no una toma por la fuerza de las mismas.

    (continuará en la siguiente entrega)
    Last edited by Invitado; 11-06-2008 at 11:07 PM.

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