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Thread: Guerra del Guano y del Salitre: Cuerpos de tropa

  1. #73

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    Quote Originally Posted by gendarme_de_Tarapaca View Post
    Hola:
    cuando era muy pequeño mi abuela(Q.E.P.D) originaria de Huamanga en Ayacucho me contaba historias de los jinetes Morochucos en sus pequeños caballitos. Por lo poco que me acuerdo, la abuela contaba como Los Morochucos se opusieron a los invasores chilenos a ordenes del "Brujo de los Andes", alla en las sierras de Ayacucho.
    Lo que no me conto fue que estos famosos jinetes tambien dijeron presente para la defensa de Lima.

    Para mas info sobre los Morochucos aqui el link:
    http://espanol.geocities.com/marcgra...morochucos.htm
    Y aqui otro sobre los cuerpos de tropa peruanos poco conocidos:

    http://espanol.geocities.com/marcgrau2002/index.htm
    saludos.
    Estimado gendarme_de_Tarapacá:

    Hoy estuve leyendo un periódico de enero de 1884, cuando se conmemoraba el 3er aniversario de las derrotas de San Juan y Miraflores, pero por primera vez en la capital libre del invasor. Contenía muchas semblanzas, testimonios y poesías relativas a la conmemoración. Una de las semblanzas, brevísima, apenas unas líneas, hablaba del Teniente Coronel Manuel Miota. Decía que efectivamente fue jefe de los Morochucos y que murió en la batalla de Miraflores al mando de ellos. Según esta información, Miota era cusqueño, y tras el estallido de la guerra fue a Ayacucho y formó el regimiento de los Morochucos que fue llamado los "Húsares de la Muerte".


    Saludos desde Lima

  2. #74

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    En verdad muy poco se se sabe de la participacion de los decendientes de los almagristas que se refugiaron en Ayacucho (Morochucos).
    Aqui algo que encontre sobre esos aguerridos voluntarios:

    “Jinetes de rostro europeo, cuatreros legendarios, los morochucos son descendientes de los almagristas excomulgados que se refugiaron en esa pampa fría, aparentemente inhospitalaria y estéril. Tocan charango y wak'rapucu, raptan mujeres y vuelan en la estepa en caballos pequeños que corren como vicuñas. El arriero que nos guiaba no cesó de rezar mientras trotábamos en la pampa. Pero no vimos ninguna tropa de morochucos en el camino. Cerca de Huamanga, cuando bajábamos lentamente la cuesta, pasaron como diez de ellos; descendían cortando camino, al galope. Apenas puede verles el rostro. Iban emponchados; una alta bufanda les abrigaba el cuello; los largos ponchos caían sobre los costados del caballo. Varios llevaban wak'rapucus a la espalda, unas trompetas de cuerno ajustadas con anillos de plata. Muy abajo, cerca de un bosque reluciente de molles, tocaron sus trompetas anunciando su llegada a la ciudad. El canto de los wak'rapucus subía a las cumbres como un coro de toros encelados e iracundos.”
    José María Arguedas (Fragmento de Los Ríos Profundos)
    Y aqui algo que publico un forista sureño en el foro de batallas:

    ....." tiran bien, pero sus fusiles son de lenta (ilegible), de avancarga seguramente y fulminante para nuestra fortuna. Cabalgan a gran velocidad, como lo hacemos en nuestras colinas de Teno, pero acá corren en laderas escarpadas, acantilados de espanto, peñas (ilegible) si los vieras, y para arriba y para abajo a reventar de cinchas, que resulta muy difícil cazarlos. Hay que disparar a sus caballos, y la gente se ha hecho buena en eso, además de que luego se puede carnear la ****** y hay tumba para el cocido." ........" jinetes chucos, o morrochucos, que les llaman acá..."
    Capitán Manuel L. Olmedo, 2a Compañía del Regimiento 2° de Línea, junio de 1882, en carta a su hermano Mateo.
    Esta carta confirma que muchos Morochucos que pelearon en Lima lo siguieron haciendo en la sierra. Por la descripcion del fusil lento de avancarga y fulminate adivino que era un fusil Minnie con el cual estuvieron armados los voluntarios Morochucos para la defensa de Lima en Enero de 1881.

    La descripcion chilena de los caballitos morochucos en impecable. Estos caballos son pequeños pero son buenos para trepar montañas y cabalgar en alturas donde estan en su elemento.

    Saludos desde Florida.
    "...Como el sol apareces despues de la noche oscura"
    Indio Ayacuchano a Caceres, despues de Huamachuco. 1883

  3. #75

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    Quote Originally Posted by sicoseado View Post
    Estimado gendarme_de_Tarapacá:

    Hoy estuve leyendo un periódico de enero de 1884, cuando se conmemoraba el 3er aniversario de las derrotas de San Juan y Miraflores, pero por primera vez en la capital libre del invasor. Contenía muchas semblanzas, testimonios y poesías relativas a la conmemoración. Una de las semblanzas, brevísima, apenas unas líneas, hablaba del Teniente Coronel Manuel Miota. Decía que efectivamente fue jefe de los Morochucos y que murió en la batalla de Miraflores al mando de ellos. Según esta información, Miota era cusqueño, y tras el estallido de la guerra fue a Ayacucho y formó el regimiento de los Morochucos que fue llamado los "Húsares de la Muerte".


    Saludos desde Lima
    Bueno, el Ejercito no ha olvidado a sus heroes menores. En el caso del Tte Crl Manuel Miotta, el Batallon de Infanteria Motorizado No. 312 (BIM 312) de la 31ava (ahora) Brigada de Infanteria, con base en Huancayo, lleva su nombre.

  4. #76
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    Default Sobre Albarracin...

    Que buen tema Sicoseado, te felicito, es todo un lujo tenerte por aca.

    Queria preguntarte acerca de Gregorio Albarracin, quien segun tengo entendido comando una columna de jinetes durante las campañas de Tarapaca y Tacna, siendo mitificado en un relato en el libro "Episodios Nacionales de la Guerra del Pacifico". ¿Tienes mas detalles al respecto?

    Saludos!

  5. #77

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    Hola Ian, gracias por tus palabras. Bueno, sobre el crl. don Gregorio Albarracín Lanchipa, "El Centauro de las Vilcas", existe una biografia por el profesor tacneño Cavagnaro, titulada "ALBARRACÍN: LA PORTENTOSA HEROICIDAD" si mal no recuerdo.

    Efectivamente, el crl. Albarracín comandó la unidad de caballería conocida como los "Flanqueadores de Tacna" en las campañas de Tarapacá y Tacna. En la primera campaña, la fuerza de Albarracín fue el único elemento de los que salió con Daza que no se dio la vuelta en Camarones. Tanto después de la campaña de Tarapacá, como después de la de Tacna, la fuerza de Albarracín siguió hostilizando al enemigo, como fuerza de guerrilla. Albarracín marchó hacia Lima para participar en su defensa, pero la noticia de las derrotas de San Juan y Miraflores le llegó cuando estaba aún en camino. No obstante, prosiguió su infatigable labor, y preparó una de las primeras fuerzas de guerrilleros que hicieron la resistencia el enemigo luego de la caída de Lima, en la sierra central, concretamente en las provs. de Huarochirí y Canta, ya en los primeros meses de 1881. Cuando Cáceres sale de Lima ocultamente en abril de 1881, ya la montonera de Albarracín junto con la del coronel José A. Bedoya habían tenido encuentros con el enemigo por las quebradas del Rímac y del Santa Eulalia. Se dice que la montonera de Albarracín interceptó comunicaciones y plata que la expedición Letelier remitía a Lima desde Cerro de Pasco. Por razones que aún no se esclarecen, Albarracín dejó este teatro de operaciones poco después, y regresó a su tierra, donde continuó la resistencia. Así alcanzaría heroica muerte en la cuesta de Sausani o Saucini, cerca del pueblo de Chucatamani, en la prov. de Tarata, emboscado por el enemigo.

    Efectivamente, en los "Episodios Nacionales" de Rivas, González y Mantilla hay una versión de la muerte de Albarracín donde se dice que resistió como un león, y que su hijo Rufino murió a su lado y en su agonía usó sus últimas fuerzas para arrimarse al lado de su padre.

    Hace poco salió en "La Razón" un artículo del historiador Guzmán Palomino referente a Albarracín, voy a buscarlo y lo copiaré aquí.


    Saludos desde Lima

  6. #78

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    Aquí los artículos aparecidos en "La Razón":

    Especial

    “El Centauro de las Vilcas” participó en las batallas de Pisagua, San Francisco, Tarapacá y Alto de la Alianza

    Albarracín, el terror de los invasores chilenos en Tacna


    Luis Guzmán Palomino (*)
    Historiador peruano

    Los invasores chilenos ocupantes de Tacna tuvieron en esta provincia un peligroso enemigo: el coronel tacneño Gregorio Albarracín Lanchipa. Mientras Tacna permaneció ocupada desde el 26 de mayo de 1880, fecha de la infausta Batalla del Alto de la Alianza, Albarracín se puso a la cabeza de la resistencia, secundado por su hijo Rufino, teniente del Ejército, hasta que el siete de octubre de 1882 fue emboscado por los invasores y conminado a rendirse. Albarracín les contestó: "un coronel peruano no se rinde, ******", y dio batalla hasta morir heroicamente. En este informe, el historiador Luis Guzmán Palomino repasa la heroica trayectoria de este ejemplar héroe tacneño. (NdeR).
    Entre 1881 y 1884, en el periodo que la historia registra como Campaña de La Breña, la resistencia a los invasores chilenos en Tacna y Tarata tuvo como principal protagonista al insigne coronel tacneño Gregorio Albarracín Lanchipa, conocido como el "Centauro de las Vilcas", quien desarrolló audaces incursiones guerrilleras que lo convirtieron en "el terror de los chilenos" hasta inmolarse heroicamente en la batalla de Chucatamani.
    Documentos que datan de los primeros meses de 1881 señalan que por entonces Albarracín luchaba en la sierra de Lima secundando los esfuerzos del veterano coronel patriota José Agustín Bedoya.
    Al estallar la guerra de 1879, Albarracín tenía ya sesenta años. Pareció entonces rejuvenecer y pletórico de patriotismo formó con cincuenta jóvenes tacneños, entre ellos su hijo Rufino, el combativo Escuadrón Tacna, y se puso al servicio del ejército que defendió nuestra frontera sur.
    Cumplió tareas de vanguardia, y luego optó por la acción guerrillera para hostigar el tránsito del ejército enemigo. Albarracín fue destinado a Tarapacá con "la misión de acompañar a las tropas bolivianas del general Daza", correspondiéndole participar en todas las operaciones de rechazo al desembarco de los invasores chilenos en Pisagua.
    Participó en la batalla de San Francisco y después en Locumba y Sama, donde fue diezmada su caballería en varios encuentros sostenidos con el enemigo, lo que le obligó a regresar a Tacna para reemplazarla.
    El historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna no oculta la conmoción que causó al ejército invasor la presencia del heroico tacneño. Al respecto, refiriéndose a los hechos de finales de 1879, Víctor Mantilla escribió:
    Entre las dos líneas
    "Del campamento de Dolores partieron quinientos jinetes (los Cazadores) y del de Pisagua otros tantos. Ambos destacamentos (chilenos) hicieron alto después de una jornada, siendo la distancia que los separaba no mayor de cinco kilómetros. Albarracín, seguido de su pequeño regimiento, avanzó con el denuedo que le era propio, a la vista de los escuadrones enemigos. Comprendió que se hallaba entre dos fuegos y resuelto a vender cara su vida, se adelantaba".
    "Entonces, realizó en la ardorosa mañana del desierto el más extraño espejismo. La pequeña fuerza de Albarracín creció a los ojos del enemigo hasta tomar las proporciones de un ejército. Tanto del lado de Dolores como del lado de Jazpampa se veía un combate formal: la artillería disparaba y los Cazadores cargaban... ¡Era Albarracín que pasaba al galope, entre las dos líneas contrarias, levantando una inmediata polvareda!
    De esa manera se presentó al ejército chileno, el que más tarde debía llevar a sus filas el terror de su nombre, el que debía ser, con sus cincuenta Dragones, la pesadilla de veinte mil hombres".
    El 18 de abril de 1880 el escuadrón de Albarracín se enfrentó a la vanguardia chilena en Buenavista. Y el 26 de mayo le cupo destacada participación en la infortunada batalla del Alto de la Alianza. Tras la derrota permaneció con sus restos de los resistentes en el monte de Tacna, amagando constantemente al enemigo.
    Los Centauros
    Múltiples fueron las sorpresivas acciones que llevó a cabo con éxito contra los destacamentos chilenos en Pocollay, Calama y Pachía. Sus guerrilleros fueron llamados Centauros, y el nombre de su jefe, imponente jinete de seis pies de estatura, se convirtió para el enemigo en sinónimo de terror.
    Después de recorrer las serranías de Tarata y Arequipa se encaminó a Lima, dispuesto a participar en su defensa. No llegó a tiempo para asistir a las batallas de San Juan y Miraflores, y pasó de inmediato a la sierra central, donde unió sus fuerzas a las del coronel Bedoya. De la acción conjunta de ambos héroes existe testimonio chileno, según el cual Bedoya y Albarracín exhortaban a la lucha proclamando que todo peruano tenía el deber de defender a la patria.
    El 17 de mayo de 1881, desde el interior de Chosica, el comandante Federicksen trasmitía al comandante Stuven, jefe de la guarnición chilena allí acantonada, el siguiente telegrama: "El mayordomo de la hacienda de Chosica me acaba de informar que ahora cinco días (o sea, el día 12), mandó un hombre que vive en Palle que le fuese a comprar papas a Canta, y lo tomó una montonera de treinta hombres, poco más o menos, mandados por Albarracín y Bedoya, diciéndole que todo peruano debía defender su patria. Tomaron su camino por Canta, llevándose todos los animales que encontraban a su paso, tanto vacuno como caballar".
    El factor Piérola
    Por esos días operaban en la sierra de Lima varios jefes patriotas. El 22 de mayo, el comandante Alcérreca, que había quedado como jefe de la guarnición chilena apostada en Surco, informó sobre la retirada de una guerrilla que operaba en las inmediaciones. Era la conducida por el comandante Aparicio, que se trasladaba de Chicla a Matucana, según telegrama que al día siguiente trasmitió Virgilio Méndez, jefe chileno en Chicla. Federicksen, desde Chosica, confirmó el dato, revelado por un delator que siguió viaje a Lima; y agregó que los guerrilleros habían incursionado en las minas, para proveerse de pólvora que pensaban utilizar en acciones de sabotaje.
    A decir de Friedericksen, Albarracín organizaba en Canta un batallón de más de 200 hombres. Con esta información, los jefes chilenos estacionados a lo largo de la ruta entre Chosica y Chicla se esmeraron en proteger la vía férrea, temiendo que fuese volada por las fuerzas del rebelde tacneño.
    Poco después, Bedoya consideró necesario trasladarse a Sayán, donde realizaría también una plausible tarea, pues asumió la tarea de organizar los escuadrones "Carabineros de Chancay" y "Alianza No. 1" y "No. 2", dando forma a lo que sería más tarde el "Cazadores del Rímac". Su tarea fue incomprendida y hasta saboteada por personajes adictos a Piérola, condenable actitud que no se detuvo hasta su asesinato.
    Albarracín, por su parte, enfrentó la hostilidad de los hacendados Norberto y Manuel de la Encarnación Vento, y no pudiendo contrarrestarla, porque ellos tenían el total apoyo de Piérola, optó por volver a su Tacna natal, donde abriría un nuevo frente guerrillero.
    ________________________________________
    * Investigador de la Orden de la Legión Mariscal Cáceres y Profesor Asociado de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle.




    Especial

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    Producto genuino de la tierra tacneña


    Había nacido en la ciudad de Tacna, el año 1819, hijo de Tomasa Lanchipa y Melchor Albarracín, en un hogar netamente campesino. "De niño -dice uno de sus biógrafos- concurrió a una escuela particular de la ciudad; pero, más que los estudios, le interesaban la vastedad de los campos, la frondosidad de las vilcas, el sabor de las frutas, las correrías a caballo por las pampas que se apegan al cerro Arunta. Así creció Albarracín: ágil, fuerte, libre. Producto genuino de la tierra tacneña: mestizo cien por ciento". Desde temprano manifestó su vocación por la carrera de las armas, y encontró la oportunidad de alistarse como voluntario al estallar en 1841 el conflicto con Bolivia. Sirvió a las órdenes inmediatas del general Mendiburu, como alférez en el piquete de caballería de la Guardia Nacional de Tacna, y asistió el 16 de noviembre de ese año a la batalla de Ingavi, de tan ingrata recordación. Después de ello retornó a sus labores agrícolas, pero no por mucho tiempo, pues volvió a empuñar las armas "cuando asomó por el valle tacneño, en sus correrías revolucionarias, la atrayente y romántica figura de Ramón Castilla, con quien haría varias campañas de uno a otro confín del país. Acompañó al Libertador Castilla en toda la campaña constitucional, e integró el escuadrón Tiradores de la Guardia Nacional, concurrió a las batallas de Intiorcco, Arica, Pachía, San Antonio y Carmen Alto, entre 1842 y 1844. Merced a sus méritos en el campo de batalla obtuvo rápidos ascensos y terminó esa campaña con el grado de teniente coronel, en el año 1844. Actuó luego como comandante de policía en la ciudad de Tacna y como prefecto y comandante general del departamento de Moquegua. Avecindaba en el ayllu de Olavique de Tacna cuando en 1848 contrajo matrimonio con María Berríos, hija de Joaquina Soto y Cayetano Berríos. De esa unión nacerían José Rufino en 1852, María Dominga en 1854 y Domingo Silvestre en 1860. José Rufino, siendo muy joven, lo seguiría en la resistencia a los invasores chilenos, inmolándose con él en el combate de Chucatamani, como veremos después. El 5 de abril de 1854 Albarracín fue reconocido como sargento mayor del ejército e incorporado al escuadrón Tiradores de Tacna. Defendió al gobierno de esa época a las órdenes del general Manuel de la Guardia y concurrió al combate de Arica, en setiembre de ese año, logrando la revalidación de su grado de teniente coronel en el ejército. Participó luego en las batallas de Arequipa y La Palma, y los avatares de la política determinaron su separación del ejército por decreto de 11 de enero de 1855. Pudo reincorporarse a filas recién en 1862, al promulgarse la ley de reparación militar. Su valiosa participación en la guerra contra España ameritó su ascenso a coronel, otorgado por el presidente Prado en 1866. Pasó luego al retiro pero en 1876 fue llamado nuevamente al servicio activo, destinándosele como agregado a la inspectoría general del ejército.

  7. #79

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    Y aquí otra parte:

    Especial

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    Libró la última batalla al lado de su hijo Rufino


    Capítulo final de su heroica existencia tendría lugar el siete de octubre de 1882 en Chucatamani. Su cabeza tenía precio y ello dio pie para la traición. El enemigo le tendió la celada en las afueras de Tarata, donde libró su última batalla y vio caer a su lado a todos sus guerrilleros, incluido su hijo Rufino.
    Recordando su gloriosa inmolación, Víctor Mantilla escribió: "Empeñado el tiroteo, continuó hasta que las municiones se agotaron de uno y otro lado. A media hora de combate, de los atacados solo quedaban en pie Albarracín y su hijo Rufino. Es la hora triste de la puesta del Sol entre los montes".
    "A la espalda y a derecha del héroe se elevaban grandes cerros que sólo el águila habría podido salvar. En torno de él yacían sus compañeros, revolcándose en sangre; su propio hijo doblaba la rodilla a su lado, no para pedir misericordia, sino para besar con su postrer suspiro el suelo bendito de la patria".
    "Albarracín, junto a los cuerpos de sus bravos se alzaba, erguido como un pino añoso. El sol, al reflejarse en su persona, no hallaba en sus ropas, ni en su rostro ni en sus manos un sitio en que no hubiera sangre. Estaba allí como un espectro rojo, vencido ya, pero infundiendo miedo a sus vencedores, que no se atrevían a poner la mano sobre él: todavía conservaba en su diestra la espada, y aquella espada en esa diestra era el rayo".
    "Avanzaron contra él. Entonces se le vio recogerse, saltar y derribar a los más próximos; era él quien atacaba ahora, y eran ellos quienes retrocedían ante su figura medio fantástica en aquellos momentos, y ante su espada cuya punta parecía multiplicarse. Su voz poderosa acompañaba los golpes de su acero; con la primera aturdía, era como el rugido del león en la selva; y con el segundo paralizaba los brazos contrarios. Y no se cuidaba de defenderse, sino de herir".
    "Su alta estatura dominaba a los enemigos como el roble a los arbustos. Ya solo quedaban diez, un esfuerzo más, diez golpes más (...). Giró en torno la vista… ya no veía… levantó la espada para el último molinete… y su brazo cayó a lo largo de su cuerpo; adelantó su pie… vaciló… y cayó muerto, fue mutilado sin piedad". Dos días después fue sepultado en el panteón de Tarata.

  8. #80

    Default la sorpresa de Buenavista.

    Interesante la vida de este heroe olvidado, parece que sigui la tradicion ya impuesta por Bolognesi de pelear hasta lo ultimo en su caso a sablazo limpio.

    Sera cierta la celada de Albarracin a los chilenos en Buenavista donde casi capturan al teniente coronel chileno Duble Almeyda en el preambulo del alto de la Alianza.?
    Este evento fue muy romantizado en el libro chileno "adios al septimo de linea".

    Saludos.
    "...Como el sol apareces despues de la noche oscura"
    Indio Ayacuchano a Caceres, despues de Huamachuco. 1883

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