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Thread: ¿Habrá o no una guerra entre colombia y venezuela?

  1. #1
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    Default ¿Habrá o no una guerra entre colombia y venezuela?

    Saludos cordiales... en los últimos meses las relaciones internacionales entre Ecuador, Colombia y Venezuela se han calentado.La noticia de la utilización de 7 bases colombianas por parte de USA ha encendido las alarmas en sus vecinos.

    ¿Que opinion tienen los foristas sobre esta eventualidad y que piensa de una confrontación entre estos 3 países hermanos?

    El día de hoy 18/08/2009 conseguí el siguiente artículo:

    ¿Después de las FARC qué?
    Tuesday, August 18th, 2009



    Dos analistas militares presentan un escenario del sector castrense en caso de que la guerrilla sea derrotada

    Por Rocío San Miguel y Carlos Hernández

    Los militares colombianos con preocupación comienzan a preguntarse de qué modo les impactará el fin del conflicto interno y cuál será el futuro de la institución militar si se consigue la paz antes de que el presidente Álvaro Uribe Vélez –si no ocurren cambios constitucionales– abandone el poder en agosto de 2010.

    La apertura de juicios en contra de los paramilitares y de las guerrillas fue el preámbulo del inicio de la etapa de judicialización del conflicto en Colombia. Hoy los procesos penales en contra de militares de la Fuerzas Armadas de Colombia por los “falsos positivo” confirman que el fin del conflicto está por llegar. No en vano las judicializaciones de las guerras ocurren generalmente cuando el conflicto en el terreno empieza a amainar.

    Los desafíos y riesgos de esta etapa, que con toda seguridad se intensificará a partir de 2010, son numerosos y luce desde ya necesario comenzar a dar seguimiento al destino de las fuerzas militares colombianas post-conflicto: el redimensionamiento del número de efectivos que la conformarán, el orden de batalla y el equipamiento de esta transición.

    El control del orden interno y la lucha en contra de los grupos armados al margen de la ley en la última década, han significado un aumento vertiginoso del pie de fuerza, gasto militar y apresto operacional de las Fuerzas Armadas de Colombia. Esta estrategia ha devenido también en el abandono pragmático de la histórica hipótesis de conflicto externo con Venezuela por disputas limítrofes, a pesar de las escaladas verbales presidenciales entre Uribe y el presidente Hugo Chávez en los últimos años. Está por verse si no habrá un giro traumático en la orientación del empleo militar colombiano, que suponga un riesgo hacia sus vecinos, cuando se supere el ciclo de desarme, desmovilización y reinserción de los combatientes irregulares (FARC-ELN y AUC) por causa del fin del conflicto interno. Especialmente por los peligros que encierran las acusaciones persistentes de parte de Colombia, en el último año, sobre la presencia de miembros de la guerrilla colombiana en Ecuador y Venezuela, con aquiescencia de estos gobiernos.

    Por lo pronto las fuerzas militares colombianas están siendo fortalecidas con nuevos sistemas de armas y la modernización de las existentes en dos direcciones: el mantenimiento de su maquinaria de guerra por el conflicto interno que aún se libra y el necesario armamento para ser empleado en una guerra convencional.

    Impacto negativo

    Los últimos conflictos internos en América Latina han dejado un saldo negativo en todos los órdenes para los países que los han padecido. Uno de estos ha sido la tragedia que ha debido superar sus fuerzas armadas después del conflicto, desacreditadas la mayor parte de ellas (Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Perú, Argentina, Chile) y envueltas en graves denuncias por violaciones a los derechos humanos y el derecho internacional humanitario. Uribe ha contenido la posibilidad de que esto ocurra en Colombia. Incluso, las Fuerzas Armadas de Colombia cuentan con un nivel alto de aprobación de la sociedad. Aún queda por verse qué sucederá cuando se inicie la etapa revisionista de la Política de Seguridad Democrática, incluso la de pacificación y tantos asuntos que puedan comenzar a relucir, una vez superado el miedo que los combates generan para llegar a la verdad de los hechos. Lo cierto es que el estamento militar colombiano puede verse tentado a no esperar pasivamente la dinámica de los ciclos históricos, marcados muchas veces por revanchismos políticos de toda naturaleza, como también por los datos que aportan testigos, incluso las victimas decididas a hablar al fin de los conflictos, las cuales, con sus testimonios, suelen salpicar a los combatientes –incluidos los militares– y poco a la dirigencia política civil.

    Por lo pronto, Colombia tiene nueve años ininterrumpidos (2000-200 siendo incluida en el capítulo IV del Informe Anual de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), metodología establecida para identificar a los estados miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) cuyas prácticas en materia de derechos humanos merecen atención especial. El último informe reseña la preocupación por el involucramiento de fuerzas militares colombianas en ejecuciones extrajudiciales, los excesos en el uso de la fuerza en enfrentamientos y las actividades de inteligencia.

    Adicionalmente, en noviembre de 2009 vence la reserva a la que autoriza el artículo 124 del Estatuto de Roma, hecha por Colombia en 2002, para evitar la jurisdicción de la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de guerra ocurridos en el marco del conflicto interno. Esta reserva se hizo con la clara intención de dejar una puerta abierta para una negociación de paz con los grupos ilegales en Colombia. Aunque cierto es, también beneficia a las fuerzas armadas para el caso de imputárseles tales crímenes en su desempeño.

    Por lo pronto, el fin del periodo de siete años que otorga la reserva realizada entonces por el presidente Pastrana –ratificada por el presidente Uribe–, puede preocupar al sector militar, que a partir de este año debe comenzar a culminar el conflicto al menos en términos militares, para evitar los riegos de hechos que a partir de ahora puedan significar la obligación para el Estado de entregar para su juzgamiento ante la CPI, a cualquier combatiente, incluido un militar.

    Cómodo panorama

    La etapa del post-conflicto luce cómoda –por ahora– para las Fuerzas Armadas de Colombia. En ello influye que aún no haya culminado el periodo de Uribe, que trabaja en acuerdos políticos aceptables para la desmovilización de los grupos armados ilegales (AUC, FARC, ELN) y cuenta con niveles muy altos de popularidad.

    Sin embargo, un simple análisis de la situación asoma desde ya puntos críticos en el corto plazo:

    El del redimensionamiento del tamaño de las Fuerzas Armadas de Colombia, que han crecido vertiginosamente en los últimos años de acuerdo con las necesidades de un conflicto que ahora culmina.
    La necesaria desmovilización de tropas y su reubicación productiva en la sociedad –algo de lo que poco se habla, por cierto.
    El rediseño de nuevos propósitos y competencias normativas para los oficiales: roles y responsabilidades que con toda seguridad las conducirán a la construcción de hipótesis de conflicto externo.
    El ritmo de las relaciones colombo-venezolanas luce históricamente pendular. Oscila entre extremos intensos de una relación que, a veces sórdida, genera sobresaltos. Está por verse si la era post conflicto en Colombia apaciguará las intensidades perversas entre los dos países; o alentará –como parece– una escalada de compras militares y por ende de desconfianza entre ambos.

    Por lo pronto el panorama preocupa: el estamento militar colombiano pudiera estar empezando a sentir los enormes riegos que la era post conflicto, por causa de las judicializaciones derivadas de los hechos de la guerra le depara, y por tanto anticiparse, tomar previsiones y generar un nuevo conflicto, de baja intensidad como método de sobrevivencia, esta vez con un enemigo externo, aquel que viene acusando desde hace rato por los nexos que mantiene con su actual enemigo interno.

    ¿Dónde están?

    Alrededor de siete mil desmovilizados de las AUC, incluyendo a reincidentes capturados y a aquellos que no han sido ubicados tras la desmovilización, no están participando en los programas de reinserción según la Misión de Apoyo para el Proceso de Paz en Colombia de la OEA en 2009. Las preguntas: ¿Quién certifica que estos desmovilizados no se encuentran en Venezuela? ¿Cuál es la cifra de desmovilizados de las FARC y el ELN que puedan estar en Venezuela a esta fecha?

    Fuente: revista PODER Agosto 2009


    Saludos.

    P.D: agradezco a todos los que participen en este foro que guardemos la compostura, evitemos las confrontaciones y las descalificaciones de otros foristas, de gentilicios y de presidentes.Gracias

  2. #2
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    Por qué esos prersidentes no acusan la presencia de los TERRORISTAS PARAMILITARES y del NARCOEJERCITO en Venezuela?

    puedo probarte a traves de denuncias hechas por colombianos padres delas víctimas que son Terroristas y que Uribe fue acusado por la CIA como el NARCOTRAFIOCANTE Nº 82 del Cartel de Medellin.

  3. #3
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    Saludos

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