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Thread: Relaciones Peru-Ecuador

  1. #73
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    Perú y Ecuador reiteran su compromiso para la remoción de minas antipersonales en la frontera común

    maquina-de-combate.com 06/07/2018

    maquina-de-combate.com – En la sede de la ciudad de Lima del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú se ha llevado a cabo la XVII Reunión de Autoridades Nacionales de Acción contra las Minas Antipersonal del Perú y del Ecuador Contraminas-Cendesmo. La reunión se ha realizado entre el 3 y 4 de julio, teniendo como participantes a las autoridades responsables en ambos países para la liberación de terrenos sembrados durante el Conflicto del Cenepa en 1995.

    Ambos países forman parte de la Convención sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersonal y sobre su destrucción, también denominada Convención de Ottawa.

    En la reunión, las delegaciones de Perú y Ecuador ratificaron su compromiso para la erradicación de minas antipersonal mediante el programa conjunto de desminado humanitario y la implementación de campañas binacionales de educación preventiva para reducir, si es posible eliminar, los riesgos que acarrea la presencia de minas antipersonal en zonas cercanas a centros poblados en la zona fronteriza.


    Reunión de delegación de Perú y Ecuador para fortalecer las actividades conjuntas para la erradicación de minas antipersonal en la zona fronteriza. Foto: Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú



    http://maquina-de-combate.com/blog/?p=57029

  2. #74
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    ‘Estuvimos al borde de una guerra total’, la versión de Jamil Mahuad en la paz con Perú


    A continuación la versión de Jamil Mahuad, que se recoge en el libro Veinte años: En paz y en desarrollo, una compilación de artículos conmemorativos de la paz entre Ecuador y Perú, que será presentado este miércoles en los salones de la Cancillería, en Quito.


    Negociar como líderes y liderar como negociadores:


    La diplomacia presidencial entre Alberto Fujimori y Jamil Mahuad que selló la paz en la frontera entre Ecuador y Perú

    EN LA MAÑANA del jueves 6 de agosto de 1998, cuatro días antes de asumir la Presidencia del Ecuador, el ministro de Defensa designado, General de Ejército José Gallardo Román, me solicitó una reunión de urgencia por pedido del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Los cité en la Base Aérea del aeropuerto de Quito, donde minutos más tarde me embarcaría con el presidente Alarcón y el canciller Ayala para asistir a la toma de posesión del presidente Pastrana en Bogotá.

    En esa brevísima reunión recibí dos informaciones precisas, alarmantes y terribles: una, que en más de 10 puntos de la frontera con Perú las tropas de ambos países estaban tan cerca que se veían unas a otras, por lo que cualquier incidente pequeño podía desatar una nueva guerra; y, otra, que la inteligencia militar ecuatoriana había descubierto planes peruanos para invadir nuestro territorio y declarar una guerra total el día 14 de agosto, cuatro días después de yo jurara como presidente. Me quedaban ocho días para evitar esta tragedia.

    La información era creíble por la seriedad de la fuente que la proporcionaba, por una parte, y porque la tensión fronteriza había llegado a niveles tan críticos que, en las últimas semanas se comentaba abiertamente, aún en la prensa, sobre la inminencia de una nueva guerra con Perú, por otra.

    Como el presidente Fujimori, a quien no conocía, había confirmado su asistencia al evento en Bogotá, tenía la esperanza de que las ceremonias de la posesión nos ofrecieran la oportunidad de presentarnos e iniciar una relación que nos permitiera comunicarnos antes de iniciar cualquier acción armada.

    Mientras desempacaba en el hotel Tequendama, escuché que un canal de televisión peruano repetía con insistencia un flash informativo: eran las frases de alguien -a quien luego identifiqué como el canciller peruano, Eduardo Ferrero, - que informaba que el presidente Fujimori había cancelado su viaje a Bogotá y permanecía en el Perú para comandar las fuerzas armadas.

    Analizamos dos opciones con el presidente Alarcón: retornar de inmediato a Quito o hacerlo al día siguiente, después de que el presidente Pastrana asumiera el mando. Resolvimos monitorear la situación desde Bogotá pues un regreso intempestivo a Quito habría arrojado gasolina al fuego de los rumores de guerra.

    Así describe el presidente Fujimori la extrema peligrosidad del momento que vivíamos:

    “Agosto de 1998. Ese fue uno de los momentos más decisivos de los 10 años de mi gobierno. A pesar de que nadie lo sabía los ejércitos peruano y ecuatoriano se encontraban una vez más frente a frente en la frontera, a punto de iniciar un conflicto que ya no se limitaría sólo a la Cordillera del Cóndor. Las cosas habían llegado a un punto límite.

    “El canciller Ferrero — continúa el presidente Fujimori — acababa de regresar de hacer un último intento por detener una guerra que podía desatarse en cuestión de horas, pero su posición me dejó desconcertado. El responsable de nuestras relaciones internacionales dijo en un consejo de defensa: Presidente, me arrepiento de haber propuesto una solución diplomática, los ecuatorianos nos han traicionado. Ya no hay nada que hacer.”

    “Los miembros de las fuerzas armadas ya tenían todo listo para el inicio de una acción de fuerza para desalojar las tropas infiltradas en nuestro territorio. Y no sólo eso, todo estaba listo para enfrentar la ya casi inevitable guerra total que este desalojo generaría.


    “Estábamos al borde de una guerra total”.

    El general EP. Carlos Bergamino, jefe de estado mayor del Perú en 1998, lo recordaba así en una entrevista para la televisión: “… Y el Presidente, por supuesto, es el que tenía que dar la decisión. El Presidente con sólo decir una palabra y eso hubiera tomado otro cariz, ¿no? Las fuerzas estaban muy, muy, muy próximas: se veían unos a otros y solamente se esperaba la orden para poder… Y esto hubiera generado un conflicto en toda la línea de frontera .”

    El canciller Fernando de Trazegnies confirma estas palabras: “Con que a uno se le hubiera escapado un tiro, por cualquier razón, hasta por nerviosismo, teníamos guerra.”

    Los mandos militares me informaron que el Ecuador se encontraba en desventaja en el campo militar porque el Perú se había preparado para vengar la derrota que sufriera en la guerra de Tiwintza en 1995: reestructuró el Ejército; construyó infraestructura para mejorar el abastecimiento logístico a sus tropas (caminos de acceso, habilitación de pequeños aeropuertos); compró equipo militar, en especial aviones de combate MiG, de Bielorrusia, una compra tan importante que lo ubicó a la vanguardia de las fuerzas aéreas en América Latina.

    Cuando les pregunté qué implicaba el concepto de guerra total me informaron que incluía un avance peruano por todas las fronteras -no solo en la frontera en la Cordillera del Cóndor-, combates navales y aéreos; el bloqueo del puerto de Guayaquil y de los embarques petroleros en Esmeraldas, y la posible destrucción de elementos vitales para la economía ecuatoriana como la infraestructura petrolera, las centrales hidroeléctricas, la refinería, los puertos. Me describieron un escenario apocalíptico.

    He visto que uno de los errores u omisiones más frecuentes al analizar los escenarios y posibles desenlaces de una nueva guerra internacional consiste en que los analistas revisan casi con exclusividad el escenario militar e ignoran o desestiman el contexto económico y social en que vivíamos.

    El Ecuador vivía una profunda crisis económica y social. El Niño había destruido nuestra producción exportable de la Costa (banano, camarón, pesca) y nuestra infraestructura de carreteras, escuelas, centros de salud; la población desplazada por las inundaciones se contaba en centenas de miles; el precio del petróleo había caído a nueve dólares por barril (muy por debajo de los $14 estimados en el presupuesto de 1998 ), por lo que el gobierno entró en mora en el pago de salarios a los empleados públicos que, en varios sectores, habían paralizado los servicios. Además de inundados, estábamos sobreendeudados: la deuda ecuatoriana como porcentaje del PIB era la más alta de América Latina, por lo que corríamos el riesgo de un default, circunstancias en las que resultaba muy difícil conseguir nuevos créditos internos o externos; también registrábamos récords en el déficit fiscal, que se ubicaba en el 6.9 % del PIB, y en la tasa de inflación, que alcanzaba el 70%, la más alta de América Latina.

    Una comparación general mostraba que el territorio peruano era cinco veces más grande que el ecuatoriano; la población, el doble que la ecuatoriana; tres veces más grande era el tamaño de su economía, que crecía al doble que la ecuatoriana; tenía seis veces más reservas internacionales en el Banco Central que las que tenía el Ecuador; reservas que resultaban esenciales para la compra de armamento que (aunque las convenciones internacionales prohíban que países en guerra lo adquieran) se ofrecían a precios exorbitantes en el mercado negro.

    Las posibilidades de éxito militar en esas circunstancias eran muy reducidas a pesar del extraordinario valor y patriotismo siempre demostrado por nuestros soldados. Las consecuencias de un conflicto armado habrían afectado la vida de varias generaciones de ecuatorianos. Me convencí de que evitar esa guerra era mi responsabilidad fundamental; para conseguirlo teníamos que actuar con rapidez, inteligencia y tino.

    Si bien la ausencia del presidente Fujimori en la posesión del presidente Pastrana el 7 de agosto nos hizo perder una oportunidad dorada para el diálogo, otra gran ocasión se presentaba el 10 de agosto, en Quito, pues el presidente Fujimori venía a mi toma de mando.

    Pocas horas antes de mi juramento, el presidente Fujimori se excusó de asistir y no envió una delegación de alto nivel en su representación. Todo se sumaba para presagiar lo peor.

    El día 9 de agosto de la tarde, en vísperas de mi posesión, mantuve en las oficinas del canciller Ayala, durante varias horas, una reunión con los enviados especiales de los presidentes de los países Garantes del Protocolo de Río y con los embajadores de esos países acreditados en Quito. Tenía el propósito de conocerlos, escuchar sus puntos de vista, presentarles mi óptica de la situación y, sobre todo, recoger opiniones sobre cómo tratar este tema explosivo en mi discurso de posesión. La conversación me confirmó que el tono de invitación al diálogo que había pensado utilizar era el más conveniente en esas circunstancias.

    Al día siguiente, todo el Ecuador estaba representado en el Congreso. Frente a ellos y a los mandatarios y altas autoridades que nos honraron con su asistencia, expresé: “Quiero hacer un llamado al presidente Fujimori para que en un esfuerzo conjunto, responsable y solidario; pensando en el futuro de nuestros pueblos, firmemos La Paz”. Vi levantarse con espontaneidad a una masa emocionada que aplaudía de pie, de manera larga y sostenida esa invitación. Quedaba patente que la invitación a la paz provenía no solo del Presidente del Ecuador sino de todo su pueblo.

    Cuando llegamos al palacio de Gobierno, aún antes de posesionar al Gabinete, le pregunté al canciller Ayala cuál había sido la reacción del gobierno peruano. “Contestó el canciller Ferrero”, me dijo. “Permíteme que no repita sus palabras porque no quiero arruinarte tu primera hora como Presidente”.

    Pocas horas después el canciller Ayala me informó que lo que el Canciller Ferrero había respondido, lleno de ironía, era que como el Presidente del Ecuador era joven seguramente no sabía que ya no había nada que negociar porque todo se negoció y se firmó en Río de Janeiro en 1942.

    Lo que no sabíamos en el Ecuador es que, en contraste con la reacción del canciller Ferrero, mi invitación al diálogo había calado muy hondo en los oídos del presidente Fujimori, quien había ordenado paralizar cualquier intervención militar hasta que yo tomara posesión y que seguía con expectativa todo lo que yo dijera o hiciera desde el día de mi elección. Él lo explica así con sus propias palabras:

    “En sólo unos días, Jamil Mahuad asumiría el mando en Ecuador y sin conocerlo todavía, algo me decía que este quinto presidente con el que negociaría sería con el que finalmente podríamos llegar a un acuerdo definitivo. La orden fue estricta, no tomaríamos ninguna medida de fuerza hasta que no asuma el mando.

    “El 10 de agosto, Mahuad asumió el mando en Ecuador y desde el congreso ecuatoriano, frente a todos los presidentes presentes me hizo un llamado para buscar juntos el camino definitivo hacia la paz. Respiré tranquilo. No me había equivocado. Y desde ese momento, trabajé junto al Presidente ecuatoriano en múltiples reuniones que fueron cerrando uno a uno todos los asuntos pendientes, hasta que llegamos al punto más delicado: la delimitación final de la frontera.”





    Artículo completo: https://www.eluniverso.com/noticias/...n-jamil-mahuad

  3. #75
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    Quote Originally Posted by user140av View Post
    ‘Estuvimos al borde de una guerra total’, la versión de Jamil Mahuad en la paz con Perú

    Así describe el presidente Fujimori la extrema peligrosidad del momento que vivíamos:

    “Agosto de 1998. Ese fue uno de los momentos más decisivos de los 10 años de mi gobierno. A pesar de que nadie lo sabía los ejércitos peruano y ecuatoriano se encontraban una vez más frente a frente en la frontera, a punto de iniciar un conflicto que ya no se limitaría sólo a la Cordillera del Cóndor. Las cosas habían llegado a un punto límite.

    “El canciller Ferrero — continúa el presidente Fujimori — acababa de regresar de hacer un último intento por detener una guerra que podía desatarse en cuestión de horas, pero su posición me dejó desconcertado. El responsable de nuestras relaciones internacionales dijo en un consejo de defensa: Presidente, me arrepiento de haber propuesto una solución diplomática, los ecuatorianos nos han traicionado. Ya no hay nada que hacer.

    “Los miembros de las fuerzas armadas ya tenían todo listo para el inicio de una acción de fuerza para desalojar las tropas infiltradas en nuestro territorio. Y no sólo eso, todo estaba listo para enfrentar la ya casi inevitable guerra total que este desalojo generaría.


    Artículo completo: https://www.eluniverso.com/noticias/...n-jamil-mahuad
    Como nos traicionaron los chilenos al desconocer el Tratado de Paucarpata firmado por Blanco Encalada, la historia nos enseña que ante estos hechos, estando como lo estaba preparado el Perú no deben existir contemplaciones. Veremos si la historia se repite en el futuro.

    Saludos,
    JRIVERA
    A triunfar Peruanos !!! que somos hermanos, que sea la victoria nuestra gratitud...Te daré la vida y cuando yo muera, me uniré en la tierra CONTIGO PERU !!!!

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