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En el corazón de la Naval

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    Guardianes
    En el corazón de la Naval

    Texto | Anna Infantas

    Fotos | Jorge Gutiérrez

    La Naval es algo así como el benjamín de la Fuerza Armada Boliviana | Tiene seis distritos repartidos en todo el país. El cuarto está en el Titicaca. Allí, el Centro de Buceo en altura es su niña mimada. Conózcalo. Vale la pena

    Mañana nublada, montañas nevadas de fondo y un ligero viento frío que penetra los huesos. Es casi mediodía, buena hora para un reportaje en el lago Titicaca. En Tiquina, a 117 kilómetros de La Paz, se está preparando el ritual de cada año. A lo lejos se escucha el sonar de una trompeta, mientras que un puñado de hombres apura el paso en el muelle. Estamos a punto de cruzar el estrecho que nos separa del Cuarto Distrito de la Fuerza Naval Boliviana que une a dos pueblos hermanos: San Pablo y San Pedro.

    Al llegar, los saludos de rigor y las palabras del capitán de fragata, Ramiro Flores Zambrana, comandante del Centro de Instrucción de Buceo en Altura (más conocido como CIBA). "¡Esto no es ningún ensayo, ni nada preparado!", dice con tono militar, mientras mira a sus hombres que se prestan a subir a la embarcación. Sus explicaciones se van perdiendo entre las voces y los gritos de alumnos e instructores. Algunas fotos. Hablan con humor, ríen.

    "Éste es el vigésimo cuarto curso de buceo táctico militar. El requerimiento físico es sumamente exigente. Es una prueba fundamental. Ellos ya son buceadores básicos, pero ahora es cuando empieza lo bueno", afirma el comandante y presenta un examen que para ellos es cuestión de honor y el que no cualquiera logra pasar.

    Este año, 24 marinos postularon a los comandos anfibios de la Fuerza Naval Boliviana: 18 fueron admitidos (después de varias pruebas físicas), pero sólo 11 tuvieron el valor de continuar. Aquí, donde no importan los nombres o los rangos, se mide capacidad y destreza.

    Por un momento, el sol nos regala un poco de calorcito en un lánguido día de verano. Es casi imposible caminar por el puerto de San Pablo y no detenerse en los torsos desnudos de esos 11 hombres, a quienes parece no importarles los 3.840 metros de altura o ser llamados sólo por un número. Algunas explicaciones, detalles... y un lema: "Soy el mejor, soy buceador".

    Cual si fuera un ritual, los instructores vestidos de neopreno persiguen a los postulantes que corren en círculo tratando de calentar sus cuerpos. En medio de ellos está el ‘Sireno’... "Sí, el ‘Sireno’", repite, entre risas, el comandante. "Él trata de bajarles la moral, los invita a tocar la campana". Vestido de naranja, con una artesanal barba blanca cubriendo su rostro, el menudo ‘Sireno’ lleva en la mano el elemento clave de la ceremonia: "Si quieren retirarse del curso, tienen que hacer sonar tres veces la campana. ¿Para que van a meterse al agua fría?", grita desaforadamente.

    "Tenemos una placa que dice: Patria querida, en mi conciencia está que al tocar esta campana no soy digno de portar la orgullosa insignia de buceador", recuerda el responsable de CIBA y luego explica que cada buceador tiene que cruzar los 800 metros del estrecho de Tiquina. No tienen tiempo, pero sí una meta, o como la llaman los marinos, una prueba de confianza.

    Antes de lanzarse al lago sagrado de los incas, la oración de uno de ellos resume sus sentimientos: "Que no nos falte la moral ni el físico. Pensemos en lo más lindo que tenemos: en nuestra familia y en la Patria, que ellos nos den una palmada en la espalda, el valor y la capacidad para alcanzar nuestra misión… Soy el mejor, soy buceador".

    EL BENJAMÍN CON VARIOS NOMBRES

    Cuando pensamos en una manera distinta de celebrar el Día del Mar, decidimos sumergirnos en el corazón de la Fuerza Naval Boliviana. Un círculo íntimo al que no es fácil llegar, pero tampoco imposible. Una carta, un par de llamadas telefónicas y la predisposición de abrir las puertas de su edificio en Següencoma, donde se encuentra el Comando General. "Somos el benjamín de las Fuerzas Armadas", dice a modo de presentación el capitán Ricardo Veizaga, director de Comunicación Social. Y tiene toda la razón.

    La historia reciente nos lleva de la mano hasta el Decreto Supremo 06339, cuando se dio inicio a la llamada Fuerza Fluvial y Lacustre. Firmado en 1963, por el entonces presidente Víctor Paz Estenssoro, el objetivo no era otro que ejercer soberanía en los ríos navegables, especialmente aquéllos de curso internacional.

    Tres años después, el menor de la Armada subiría un peldaño más en su crecimiento: era hora de proyectarse hacia las aguas de ultramar. "Para solucionar en parte nuestra mediterraneidad y haciéndose posible nuestra reintegración portuaria e irrenunciable derecho a la navegación marítima", se escribió en un decreto posterior, en el cual también se decidió cambiar de nombre.

    "Por constituir nominativos universales los de Armada o de Fuerza Naval a las instituciones que navegan en aguas interiores o de altamar, se impone el empleo de tal término en sustitución de Fuerza Fluvial y Lacustre", detalló el mismo escrito. El general Alfredo Ovando Candia estamparía su rúbrica en el documento anunciado el 8 de enero de 1966. Paradójicamente, tiempo después se lo volvería a modificar por Armada Bolivia. Finalmente, en 1993, recuperaría el apelativo que le dio Ovando.

    Hoy, a los hombres de blanco se los puede ver en seis distritos navales esparcidos por todo el país, desde Tiquina hasta Puerto Quijarro. El Titicaca, por ejemplo, es el cuarto. Esta gran unidad alberga a 1.200 personas y tiene como mimados al Centro de Instrucción de Buceo en Altura y al barco hospital Julián Apaza, que realiza acciones humanitarias en los pueblos aledaños al lago.

    "Hay muchas poblaciones que no tienen acceso al sistema de salud. Se realizan dos o tres viajes al año, con médicos generales y especialistas, como odontólogos y pediatras, además de llevar alimentos", explica el capitán de navío, José Ernesto Torrico, comandante de Titicaca.

    No muy lejos de él está Rubén Sandóval, comandante de batallón. Con su gente, que tienen entre 18 y 22 años, se encarga de hacer patrullajes para preservar los recursos naturales y el medio ambiente del lago, al que llaman "mar interno". Es posible verlos en las embarcaciones (o unidades de superficie en la jerga marina), junto a otras unidades de infantería. Alimentada por los jóvenes del servicio militar, llegados de la capital o de las zonas cercanas al lago, Sandóval considera que todo es cuestión de fe. “Este oficio tiene más alegrías que penas”.

    La ubicación del Cuarto Distrito Naval es más que estratégica para controlar las barcas y lanchas que operan a lo largo y ancho del estrecho de Tiquina, a 10 kilómetros de la frontera peruana. "Es por la propia seguridad de los usuarios durante la navegación", asegura Torrico. Por eso no es de extrañar ver a los marineros y a sus embarcaciones ayudando a cruzar movilidades o toparse con los lugareños en el astillero, donde se les presta las herramientas, el espacio y el asesoramiento de profesionales.

    Desde la década de los 80, funciona esta unidad repartida en ocho hectáreas. El sitio es muy complejo y, por razones de seguridad, sólo se puede llegar hasta ciertos lugares. Ubicado en las faldas del cerro, con una majestuosa vista del lago sagrado, es una pequeña ciudad en medio de otra: la de San Pedro, su vecina, de la que sólo lo separa una muralla y una reja.

    Las cuatro lanchas patrulleras están ancladas en el puerto, mientras que otras cuatro forman parte de un museo: Inti, Comando, Táctica y Mallku fueron las primeras embarcaciones que surcaron por estas aguas, como parte de una donación de Estados Unidos. Las casas de los oficiales (120) están separadas de la tropa (325 marineros, aproximadamente); pasa lo mismo con los solteros y los casados. Los niños deben caminar hasta las escuelas más cercanas en San Pedro o en San Pablo, y otros han optado por dejar a su familia en La Paz.

    Cada cierto tiempo, el sonar de la trompeta anuncia cambio de actividades o de descanso... "Ahorita están llamando para los ensayos del 23 de marzo", comenta a la rápida un oficial.

    La mayoría viste con traje camuflado, aunque es posible ver a algún joven marinero luciendo su toca, cápelo blanco y corbata… ¿Será que ellos conocen el mar que tanto defienden?, es la pregunta que por ahí surge. Hay quienes dicen que no, que la ilusión marítima es sólo eso, una ilusión que se hace realidad únicamente para los profesionales que salen del país a especializarse en otras marinas. Pese a ello, ésta no deja de ser "una linda vocación", concluye Flores. "Nosotros concienciamos a los marineros del valor del agua. Les inculcamos la importancia de la reintegración marítima. Nos sentimos motivados por la historia, del encierro que ha vivido Bolivia, porque en la costa está el desarrollo", dice, por su parte, el comandante Torrico. A eso suma Sandóval: “Se les habla de las ventajas y desventajas del mar, y no solamente del océano, sino también de los espacios acuáticos. Por ejemplo, los ríos navegables que tenemos en el oriente o este lago que proporciona la pesca a La Paz y Cochabamba. Considero que debemos tener conciencia marítima desde el colegio”.

    EL FONDO NO ES PARA NERVIOSOS

    La rutina es parecida a la de cualquier militar. Pero en el Centro de Instrucción de Buceo en Altura hay momentos en los que la mañana se convierte en noche y la noche en mañana.

    Un día rutinario empieza a las 6:30, luego se realiza gimnasia en un promedio dos horas antes de tomar el desayuno, una dieta que está en función al desgaste físico y calórico de los alumnos. En coordinación con una nutricionista, la Fuerza Naval cuida bien de sus muchachos: por la mañana toman sopa, un emparedado y café, porque ésa será su única comida hasta las 16:30. ¿Por qué ese lapso de tiempo? "Porque tienen que hacer inmersiones y tenemos temor de que regurgiten", despeja la duda el responsable de CIBA.

    Las clases teóricas ocupan gran parte de la mañana, mientras que al mediodía, cuando ya ha calentado el ambiente, se realizan actividades, en primera instancia, en la piscina de 25 metros, que alimentan con el agua del propio lago.

    Aquí no sólo se aprende a nadar o a flotar, sino que también descubren cómo controlar el equipo. Son 16 los instructores autorizados para impartir los secretos de esta especialidad de la Fuerza Naval Boliviana, curso que dura 14 semanas.

    "Es cuestión de autoestima, porque nosotros estamos inmersos dentro del agua... Nuestro ambiente es éste", reflexiona el Comandante y al mismo tiempo dirige la mirada al grupo que hace maniobras en los botes Zodiac y otros que se mantienen en el agua con sus trajes de neopreno, que fueron adquiridos hace siete u ocho años.

    "Es un régimen duro de entrenamiento, porque todo el día tenemos que estar en el agua", comenta el teniente Alcides Núñez, que proporciona un par de datos reveladores: la temperatura del lago está entre los 10 y 12 grados, por eso se utilizan trajes isotérmicos para que protejan el cuerpo, pero aún así "se siente frío", acota el marino. En invierno, el termómetro llega a bajar hasta los ocho grados centígrados. Pero hay más: debido a la altitud, los buzos sólo pueden descender hasta los 40 metros de profundidad (algo así como 64 metros en el mar). "Hay que tomar en cuenta que el buceo en Bolivia tiene una característica muy importante: es en altura. En ningún lugar del mundo se bucea a 3.840 metros sobre el nivel del mar; por el contrario, lo máximo que se llega es a 2.500 ó 3.000 msnm", se explaya Núñez.

    La presión atmosférica hace que el organismo consuma más aire y que el cuerpo se agite más de la cuenta, tal vez ésa sea una de las razones por las que el alumno nunca está solo y tiene que pasar tres diferentes etapas antes de graduarse. Transitar de la piscina al estrecho de Tiquina, por lo tanto, demanda haber aprendido a solucionar problemas como qué hacer cuando se acabe el aire o si se tiene algún problema con el botellón.

    En esa etapa están ahora los 11 alumnos que el lunes por la mañana cruzaron el estrecho sin más equipo que su propio cuerpo. En un par de semanas más, el silencio delatador del Titicaca los empezará a sumergir en las operaciones especiales que todo marino debe saber: rescate de rehenes, sabotaje, explosivos, demoliciones en el agua, infiltraciones y reconocimiento de playas. “Es que para eso nos estamos formando”, asegura el teniente. Sólo para que se dé una idea de la labor de estos marinos, en 2004 rescataron más de 120 cadáveres en diferentes ríos y lagos, y no hace mucho ayudaron en la laguna de San Pablo, en Potosí, a recuperar los cuerpos de dos hombres.

    Para cuando la tarde hace que el sol se esconda y el olor a pan recién horneado emerge con un olor cautivante, los marinos —alumnos e instructores— dejan el lago y vuelven a casa, mientras la tropa se acomoda al son de la trompeta en el patio principal. Al entrar a su centro de entrenamiento, un lema escrito en la pared les recueda por qué están ahí: “Que el valor y mi corazón puedan alcanzar para cumplir con mi misión y entender que soy especial, soy el mejor buceador”, porque para ellos sólo queda “superar la oscuridad de las profundidades y vencer la fatiga del combate”.

    La historia de la Naval

    La historia de la institución naval en Bolivia data del 19 de noviembre de 1826, con la promulgación de la Constitución Bolivariana. En el título IX se creó “La escuadra del mar”, conformada por los guardacostas “Sucre”, Bergantín”‘María Luisa”, el cañonero “El Morro” y otros buques de guerra de porte menor.

    Posteriormente, el Decreto Supremo del 30 de julio de 1897 daría pie al Astillero Nacional en la localidad de Bahía, en Cobija. Esta sección dependería de la Delegación Nacional de Colonias, hoy Ministerio de Defensa Nacional. Otra orden general, fechada el 30 de julio de 1930, los obligaría a trasladarse a Riberalta. Así se creó, en 1939, la Escuela de Mecánica y Navegación.

    Pero sólo fue hasta la presidencia de Víctor Paz Estenssoro que se fundaría la Fuerza Fluvial y Lacustre, el 4 de enero de 1963.

    En cuatro ocasiones se le cambió de nombre a este miembro de la Fuerza Armada. Primero se la bautizó como Fluvial y Lacustre, luego se cambió por Naval, después por Armada Boliviana y, finalmente, se la denominó Fuerza Naval.

    El 24 de abril es la fecha aniversario de los navales bolivianos en homenaje a la primera travesía del buque TM-01, Libertador Bolívar, entre Puerto Caballero (Venezuela) y Puerto Rosario (Argentina).

    Existen seis distritos que hoy en día nutren la Naval. El primer distrito se llama Beni; el segundo, Mamoré; el tercero, Madera; el cuarto, Titicaca; quinto, Santa Cruz y el sexto, Pando.

    Ciba en fechas

    La especialidad de buceo en Bolivia se remonta a 1966, cuando cuatro miembros de la Armada Boliviana fueron becados a Argentina. Mariano Capobianco, Gastón Unzueta, Óscar Ayala y Ormando Apinaye fueron los nombres de esos precursores.

    Para 1967, la expedición francesa de Jacques Cousteau se ancló en Bolivia. Aquí realizaría varias inmersiones en minisubmarinos en lago Titicaca. El buceador nacional Gastón Unzueta fue para del equipo del francés.

    Ya en 1974 se realizó un curso dedicado a los explosivos y demoliciones subacuáticas en Puerto Villarroel (Cochabamba).

    En 1984 el material y el equipo de buceo utilizado en las unidades del oriente boliviano fue transferido al Cuarto Distrito Naval, con el único fin de conformar un grupo de buceo. Sólo en 1985 se consolida la escuela de buceo. Se realizó el primer curso en esta especialidad al mando de Waldo Calla.

    El 20 de diciembre de 1992, buceadores bolivianos realizan inmersiones en la laguna Choquetanga, a una altitud de 5.000 metros sobre el nivel del mar. Este hecho fue reconocido como un récord mundial.

    El 6 de octubre de 1999 se creó oficialmente la Escuela de Buceo en Altura, ubicado en la localidad de San Pedro de Tiquina, en la provincia Manco Kapac del departamento de La Paz. El CIBA depende del comando del Cuarto Distrito Naval Titicaca. En 2001 se vuelve a cambiar el apelativo por el que conocemos actualmente. Se estableció que el 12 de abril sea su aniversario.

    Es el organismo de enseñanza, capacitación técnica y profesional, además de control de las actividades de buceo en Bolivia.


    http://www.lostiempos.com/oh/25-03-07/actualidad.php

  • #2
    EN EL CORAZON DE LA NAVAL

    Siempre me ? si BOLIVIA tiene almirantes

    saludos

    Comentario


    • #3
      Si, por?

      Comentario


      • #4
        Me parece ridiculo y fuera de la realidad que un pais mediterraneo tengo fuerzas navales, por mas minusculas que fueran estas.

        Comentario


        • #5
          Pues no tiene nada de ridiculo, a no ser que la vision de la persona sea limitada....

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          Trabajando...
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