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La memoria de la Guerra del Pacífico

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  • #6
    Originalmente publicado por Huaso Ver Mensaje

    Sobre los tratados de ROES firmados por cualquier nación, estimado aun hoy en día existe barbarie y de países de orden mundial o es que los casos de EEUU no le dicen nada?
    Mi estimado soy conciente de ello y me siento feliz que mi ejército no use éso como disculpa para hecharle tierrita a los exceso que haya cometido, es más tiene los pantalones para afrontar sus culpas, si estudia un poquito nuestra historia actual se enterará de algo llamado la comisión de la verdad.

    Que no ha tenido tampoco el impacto que se esperaba pero al menos se lucha para que al final se logre lo que desea, una reconciliación entre población y ejército y asi podamos avanzar a futuro.

    La convención de Ginebra la podrían firmar neptunianos y eso no quita que tanto chilenos como peruanos fueran unos [email protected] por aquella época y si intenta comparar las sociedades europeas con las idiosincrasias latinas de antaño, pff estas meando fuera del tiesto, nada tenían que ver ambas realidades.
    Que presidentes de todo el mundo quisieran darse la "Altura" de firmar convenios que ni ellos entendían, es otra cosa.
    Estoy con flojera hoy, situenos por favor en la época y deme ejemplos de que al inicio del conflictos nuestras fuerzas se pasaron la convención de Ginebra por el trasero, digo, "la guerra es la guerra" y era obvio que nuestras fuerzas también salieron a pelear con la mentalidad que usted expone.

    Si lo que te interesa es escuchar una disculpa, no la escucharas, de mi parte por lo menos no, no tengo por que hacerme cargo de errores de otros cometidos 100 años atrás.
    Mi estimado no es algo que me quite el sueño que usted, ustedes ó su nación se disculpen y reconozcan sus errores, éso lo hacen paises civilizados y éso sólo los encuentra por Europa en la actualidad.

    Si te puedo asegurar que actos cometidos como los que ocurrieron en Lima y La Concepción son repudiables y barbaricos, pero no seamos misios que esta en la actualidad hay atrocidades peores, Sadam nos enseño de eso mucho, Vietnam un poco mas y la guerra por la liberación en Somalía otro tanto.
    Le voy a decir lo mismo que le dije a su compatriota, ésos pueblos se tiene un odio ancestral (Vietnam - pfff ¿que quiere que analicemos las carnicerías que desataron los del Vietcon?), ahora le pregunto a usted para la época en que ocurrió demuestreme usted con documentos ¿que odio ancestral existía entre Perú y Chile? ¿que hizo que se comportaran de una manera tan *******? ¿y por qué sus historiadores ocultan esos hechos? se entiende que les dé verguenza divulgarlos abiertamente pero al menos denle usa instrucción somera a sus ciudadanos asi al menos se forma una idea real de los hechos que ahi ocurrieron.

    Centinela hablas con un Ex Legionario, he visto y participado de acciones que no me hacen sentir orgulloso, gracias al cielo creo que ninguna a sido delictual, pero estimado amigo hay limites que uno pisa la raya y un poco mas allá, sobre todo cuando te enfrentas a un adversario que se viste de civil, camina como civil, pero mata como soldado. La impotencia, ira y odio se apoderan de ti y las Roes te las pasas por el Cul.o. Si vez morir a tu camarada, quieres despedazar al que lo hizo y en Ginebra es lo ultimo en que piensas. Por algo la Legión tiene un Renombre que no es precisamente de Honor.
    El odio animal siempre aflora, hay fotos de los yonis orinando sobre cadáveres, pero son aislados, los actos cometidos fueron en masa y continuos, no hay comparación y no es disculpa para tratar de ocultar ése comportamiento, comportamiento general fué totalmente fuera de lugar.

    Los fusilamientos de gente que ya estaba rendidad, los repases, las violaciones, saqueos y desmanes simplemente nos dice que no estaban preparados para una guerra, lo que los motivó no fué defender a su patria sino buscarse una rebancha de algo que hasta ahora ni usted mismo puede demostrar de qué, para ése momento nuestra nación no les tenía nungúna animadversión es algo que ninguno de ustedes ha podido demostrar.

    El que sepa de combate entenderá el que no a reclamarle al papa.
    Linda frase ¿la puedo enmarcar? es para mi colección.

    Saludos.
    Espero esta sea la ultima vez que utilice mis experiencias pasadas para tener que expresar un argumento,

    Ojalá mi estimado, he aprendido mucho sobre las experiencias que ha contado, no se preocupe.

    Aps, de paso eso de que en Chile no hay personal con experiencia en combate, olvidenlo, hay desde Rangers gringos (cursos y operaciones conjuntas) hasta Legionarios y Mercenarios de tomo y lomo operando en la actualidad en las FFAAs.
    Bueno le doy un consejo ¿se acuerda del vigía que le dió un tiro a un loquito en la frontera? bueno, no lo ponga a cubrirle las espaldas, eso tios de gatillo fácil fijo que le meten un tiro por la espalda (¿no vé que no analizan lo que ven enfrente?), aparte que son lo que más rápido se quedan sin munición, es que le disparan hasta a las lagartijas, se asustan rápido.

    Saludos.

    Comentario


    • #7
      Bueno, mientras el señor Huaso analiza que responder le pongo unos manifiestos que espero se los enseñe a su hijo cuando ya tenga edad, y le muestre la realidad de ése conflicto.

      Página alojada con dirección chilena (nótese el .cl)

      http://www.laguerradelpacifico.cl/Re...os/Relatos.htm

      Testimonio del coronel Víctor Miguel Valle Riestra



      "Al comenzar estas líneas me encuentro tentado en poner punto final a mi trabajo. Lo que voy a narrar, es una lección para la nación chilena, y la grave falta que sus soldados cometieron, conviene se recuerde....

      Pero no hay que temer que el ro*to sea disciplinado cuando se les presente ocasiones iguales; y hoy más que ellos conocen sus fuerzas y saben cuando deben de imponerse á sus fuitres.

      Por otra parte, mi rencor contra el invasor, me incita a referir las espantosas escenas del incendio de Chorrillos, del saqueo y de los asesinatos que se realizaron en esa villa. Hay que recordar la historia vergonzosa de la crápula del ejército chileno en aquel memorable día; hay que mostrar el lodo de aquel ejército, que siendo vencedor quedó vencido durante 24 horas, porque sus vicios lo cegaron, y si no fueron exterminados, fue debido a que en las líneas peruanas no hubo una cabeza aunque sobraron corazones.

      Dispersa en las calles de Chorrillos la soldadesca chilena, asaltó las pulperías y despacho de licores entre el diluvio de balas que se cruzaban en todas direcciones. Las pipas de vinos eran desfondadas á culatazos; los piscos ro*tos a balazos; las botellas descogolladas al golpe seco del corvo, tinto en sangre enemiga.......y amiga; y pocos minutos después 14000 chilenos estaban borrachos en las calles del Versalles peruano, siendo la oficialidad impotente para contener el desborde, que, repito, era más espantoso que una derrota. En esta, la mancomunidad de la desgracia y de los peligros une a los hombres, pero lo que pasaba en Chorrillos, había relajado, olvidado y atropellado toda subordinación. El "delirium tremes" dominó al ejército invasor por completo.

      Muertos, fusilados y asesinados, los cho*los peruanos, el instinto sanguinario de los ro*tos buscó nuevas víctimas, y los extranjeros, principalmente los italianos, fueron exterminados. Muchos de estos habían quedado en Chorrillos guardando sus intereses, pero todos fueron fusilados ¿Cómo comenzaron tales asesinatos con personas que no habían tomado la menor parte en el combate?

      En la calle del Tren, un despacho fue asaltado y los chilenos trataron de insultar a la esposa del italiano que custodiaba el negocio. Este se interpuso como era su deber y la quiso arrancar del poder de los soldados, pero hicieron fuego sobre aquel infeliz y una bala puso fin a sus días. ¿Qué fue de la infeliz mujer? Hay cosas que dan asco referirlas. Insultada, maltratada, disputada a golpes, dejó de existir; ¡y su cadáver seguía siendo profanado por aquellas bes*tias del instinto!

      Las pocas mujeres que quedaron en Chorrillos, fueron víctimas de los más inicuos crímenes (*), y esto a la luz del día, sin el menor recato, en plena vía pública. Y cuando la bes*tia dominaba al hombre en aquellas fieras armadas, las balas de sus rifles atravesando al rival y a la mujer disputada, les daba campo para arrojar a un lado el cadáver del primero y profanar el de la segunda.

      Un italiano entre otros muchos, fue hecho prisionero, si se puede, en este caso, emplear la palabra. El pobre hombre lleno de miedo les halagaba su amor propio temeroso de que hicieran con él lo que habían hecho con sus paisanos. Era el desgraciado la befa de los guardianes. Uno le daba un golpe con la culata del rifle.

      . Ande niño no má pa que coma pronto mancarroni, le decían.

      Otro con la bayoneta lo iba punzando, y por último, el que estaba a su espalda se lanzó contra el infeliz y rodeándolo con los brazos por la cintura, le introdujo en el estómago un corvo vaciándole el vientre.

      Un grito italiano y las carcajadas de los ro*tos se escucharon. Estas hicieron grato espectáculo de tan espantoso hecho.

      . ¡Guatita con porotos niños!, decían en su sanguinaria burla.

      El doctor Mac Lean, médico inglés y padre de una numerosa familia, nacida en Tacna, vivía en Chorrillos, en un rancho en la calle de Lima. La casa tenía una inmensa bandera inglesa, sobre la puerta, el escudo de aquella nación y en el muro, en una plancha de zinc, con los colores ingleses, se leía, PROPIEDAD INGLESA.

      Este rancho, verdadero palacio, fue invadido por los chilenos, el respetable anciano se creía seguro bajo su bandera patria y protestó, pero fue insultado, golpeado, mientras los ro*tos se lanzaron al saqueo de despensa y muebles.

      . ¡Mire padre eterno, le decían aludiendo a su blanca y poblada barba, nos ise donde están las chauchas porque si no lo fusilamos en seguidita no má¡

      El Doctor Mac Lean trató de salir llegando a conseguirlo hasta la reja de hierro, pero allí lo alcanzó un disparo que instantáneamente lo mató. Pocos minutos después ardía el rancho regado, por completo de kerosene.

      La crápula, a las cinco de la tarde, hacía, entre los invasores, sus terribles efectos.

      Los niños estaban de remolienda, como ellos decían. Entre los muertos y heridos rodaban los borrachos, con esa... embrutecida y sanguinaria del chileno. Los gemidos y gritos, pidiendo socorro, de los heridos, se mezclaban con las blasfemias y cantos obscenos de los borrachos. Las coplas de la monótona chilena, se escuchaban al mismo tiempo que las oraciones de los moribundos.

      Y la remolienda seguía in crecendo; ya no existía disciplina; ya no se conocían ni entre ellos. Una botella para vaciarla, una mujer, viva o muerta, una lata de kerosene para incendiar los palacios de Chorrillos, eran disputados á bala o á corvo.

      No se cansaban de matar, cuando ya no había cho*los peruanos ni bachiches ni gringos, se mataban entre sí, se quemaban como ratas.

      El rancho, o mejor dicho el palacio que, en la calle del Tren, posee la familia Pflücker fue el teatro de espantosas escenas. Algo muy codiciable debieron encontrar ahí los ro*tos, puesto que como fieras, se disputaron el botín. Se dividieron en dos bandos y la más numerosa arrojó afuera a la menor. Pero ésta buscó refuerzo, y ya fuerte, atacó la casa, trabándose un serio combate entre chilenos; pero viendo los asaltantes que sus paisanos no cedían, resolvieron incendiar el rancho, y así se realizó, puesto que en pocos instantes las llamas rodearon a los que estaban dentro.

      Trataron estos de salir, pero se les recibió a balazos, se les cazaba, apenas asomaban la cabeza.

      Un jefe chileno, un sargento mayor, llegó a tales momentos y al presenciar lo que pasaba creyó que sus soldados sufrían un error. No comprendía que entre chilenos se matasen.

      . Niños, les gritó, lanzando sus caballos entre los asaltantes, miren que los de la casa son chilenos. No hagan fuego, déjenlos salir.

      . Mi jiefe, le contestó uno, déjenos no má que pa eso somos tantos.

      El mayor chileno dio órdenes de suspender los fuegos.

      . Mire, señor patroncito, váyase no má - le repusieron en son de amenaza.

      Pero el jefe chileno quería imponerse y llevar al orden a sus soldados. Estos montaron en cólera.

      . Mire el futre, le dijeron, ya pué abrirse á lo largo.

      Y lanzando una palabra peculiar del chileno, uno de ellos hizo fuego sobre el sargento mayor, matándolo en el acto.

      Los de la casa fueron todos quemados vivos. Eran chilenos contra chilenos.

      ¿Para qué seguir relatando más? Cansa el espíritu, lo enferma el recuerdo de tales hechos.

      El desorden de los chilenos intimidó á generales, á los jefes y oficiales. Se vieron impotentes para tal desmoralización, se encontraron amenazados de muerte por su mismo ejército.

      El jefe ú oficial que intentara contener a sus soldados, era victimado sin compasión. Había que dejarles que incendiaran el último rancho, que se consumiera la última botella de licor.

      La Reserva que fuera de Chorrillos tenían los chilenos, también se desbandaba. No podían los ro*tos permanecer arma al brazo cuando tan cerca tenían la remolienda, es decir, el saqueo, el incendio y el licor. Los centinelas abandonaban sus puestos.

      El ejército chileno no existía. Era una manada de fieras embrutecidas que rodaban por el suelo como odras llenas de alcohol.

      Por la noche, las llamas subían al cielo, rugían, lo devoraban todo. La gran hoguera alumbraba las más espantosas escenas que recuerda la historia de América.

      Y allá, en Miraflores, doce mil hombres armados, valientes y resueltos, esperando una orden, animados del deseo de combatir, enfurecidos con el espectáculo del mundo de ese Chorrillos que tanto amaban, en donde se habían anidado sus ilusiones de juventud, de amor y de sueños de gloria.

      Allá en ese Miraflores, doce mil hombres que amaban a la Patria, que tenían a sus espaldas, hogares que defender, afecciones sagradas que salvar; doce mil hombres que lanzadas sobre Chorrillos no hubieran tenido que hacer otra cosa que aplastar con las culatas de sus rifles los cráneos de veinte mil borrachos...
      Supongó que les harán leer éstas líneas a sus hijos tal como les hacen leer los de la Concepción.

      Saludos.

      Comentario


      • #8
        Siempre he pensado que este tipo de posteos no conducen a nada pero dejarlo sin la correspondiente réplica impide formar visiones equilibradas.

        Testimonio del ciudadano Colombiano Vicente Holguín.


        Muy cerca lo he visto, puesto que de Lima a los campos de los últimos combates en La Rinconada (9 de enero), en San Juan y Chorrillos (13 del mismo) y en Miraflores y en otros puntos de la extrema derecha (15 del mismo), la distancia es tal que jefes, oficiales y soldados, cubiertos no de laureles sino de polvo, llegaban a esta ciudad cuando aún se oía los cañones del combate. Como complemento se hizo uso de la moderna y terrible invención de las minas y bombas automáticas, de las que se hallaban sembrados los .contornos de los principales fuertes como San Juan y El Solar.

        Estas bombas, ocultas en la tierra, estallaban al sufrir presión y producían el formidable efecto de una mina. El inmediato y costoso descubrimiento que hicieron los chilenos de este medio de defensa no les arredró en las cargas, y a la bayoneta tomaron las alturas. Pero esas funestas bombas estaban destinadas a hacer inmensa la desgracia de los infelices heridos que quedaron en el campo, pues a causa del terror inspirado por las explosiones súbitas que destrozaron hombres y mujeres en busca de sus deudos, nadie se atrevió a recorrer esos parajes en donde los heridos agonizaban al lado de los cadáveres horrorosamente fétidos, que ni perros ni gallinazos fueron a devorar.

        Episodio de horror indescriptible han tenido lugar con esos pobres heridos, abandonados con la más fría crueldad a dos leguas de una ciudad populosa, entre cuyos habitantes hubo millares excusados del servicio militar con la insignia de las ambulancias.


        Los acontecimientos siguieron un curso rapidísimo. La noche aumentó con sus sombras la ansiedad del día. Las calles de Lima estaban silenciosas; el gas iluminaba una ciudad que parecía abandonada. Algún transeúnte apresurado, algún disperso rezagado o herido levemente, alguna camilla de ambulancia, era lo que de vez en cuando mostraban las calles o plazas silenciosas. Al mirar desde los techos hacia el campamento, el resplandor del incendio de Chorrillos contristaba el espíritu y esas llamas devoradoras de las suntuosas habitaciones de la aristocracia limeña –medida de guerra atroz, pero no inusitada- hubieran mantenido siempre en la memoria de todos un recuerdo execrado del vencedor, si las llamas que se levantaron después en Lima para consumar un crimen sin ejemplo, no hubieran hecho desear en la capital la presencia del mismo vencedor.


        El 14 por la mañana la mayor parte de los extranjeros organizados en ambulancias se dirigían al palacio de la Exposición, en donde desde la víspera prestaban importantes servicios a los heridos que llegaban en el ferrocarril. Un movimiento general y un sordo rumor agitaban la multitud ahí reunida cuando el pito anunciaba desde lejos la llegada del tren de Miraflores, y las colonias tomaban sus camillas para recibir a los heridos o salían a buscarlos a los barrios apartados de la ciudad.


        El 15 por la mañana, los ánimos presentían algo. Poco después del mediodía oyéronse cañonazos en el campamento. La ansiedad comenzó de nuevo, las carreras se multiplicaron, el temor general se pintaba en los semblantes. Miraflores, centro del combate, dista de Lima apenas dos leguas, razón más para que desde las tres de la tarde fueran numerosos los individuos del Ejército que entraban en la capital. Todos decían estar triunfantes.


        El sol del 15 de enero se había hundido en el ocaso y con él la esperanza de cuantos dieron y recibieron abrazos por la prisión de Baquedano. Vino la noche y vinieron con ella los gruesos pelotones dispersos y los catorce batallones de la reserva, cuyos comandantes recibieron la orden de su jefe de Estado Mayor, coronel don Julio Tenand, de concentrarlos en la ciudad y disolverlos, sin haber disparado un solo tiro sobre el enemigo. El coronel Piérola no entró con ellos: era mucho lo que se había ofrecido a la capital y a las tropas y el triste resultado final estaba muy lejos de corresponder a tan pomposas promesas.

        De las relaciones sobre los acontecimientos de esa tarde resulta que el inesperado combate se trabó porque los peruanos situados en los reductos de Miraflores violaron el armisticio. El combate apenas duró una hora.


        En la mañana del domingo 16 se conocía perfectamente el desastre y se medía su magnitud. El recio y sangriento ataque de Miraflores, embestido por los chilenos furiosos por la inefidencia cometida, fue apenas medianamente sostenido por tres o cuatro batallones de la reserva y algunos restos del cuerpo de línea.



        Si los ejércitos peruanos habían desaparecido como el humo de los combates, no así los peligros para la capital que abrigaba en su seno esos ejércitos desbandados, indisciplinados y con armas, y un populacho heterogéneo e híbrido de la peor especie. Para contrarrestar a semejantes elementos existía sólo un alcalde municipal nombrado a última hora; como si dijiéramos, a la grupa del dictador cuando éste trepaba hacia la sierra.

        Hubiérase creído, en vista del considerable y variado número de banderas que ondeaban los techos, miradores, balcones, puertas y ventanas, que Lima engalanada se preparaba como en los días de sus frecuentes festivales a entregarse gozosa y aturdida a los placeres que la han enervado. Todas las banderas del mundo comercial flotaban en la capital peruana, menos las de Chile, Bolivia y el Perú... En los hospitales de sangre ondeaba la bandera de la Cruz Roja, y en los de caridad, casas de asilo, orfelinatos y demás establecimientos de beneficencia desplegábanse al viento grandes banderas blancas con una imagen de la Inmaculada Concepción.

        El saqueo de tiendas, zapaterías y depósitos empezó muy temprano en algunas calles. En la muy extensa de Malambo, donde abundan negros y mulatos, hubo violencia desde las tres de la tarde; en el centro de la ciudad, desde las 5. Los depósitos de víveres robados fueron muy pocos: de chinos muy pobres, de algunos italianos. Los ricos almacenes de mercaderías asiáticas de las calles de Espaderos, Melchor Malo y Bodegones; algunos establecimientos europeos de ropa hecha y todas las tiendas y casas ricas de préstamos asiáticas de Zavala, Albaquitas Paz-Soldán, Capón, Hoyos, Mercedarias y otras, fueron atacadas en la noche, antes de que las colonias extranjeras pudieran organizarse y prestar importantes servicios que salvaron la capital.

        Los ******** invadían las calles por todas partes y en grupos que vitoreaban al Perú y a Piérola, sin acordarse para nada de los chilenos, se dirigían a las calles escogidas que eran designadas a gritos por la turba. A las 8 de la noche un tiroteo nutridísimo se oía en toda la ciudad. Al principio fueron disparos hechos contra las cerraduras para forzar las puertas, o lanzados en todas direcciones como medio de intimidación. Pero desde las 10 se trabó combate que, en distintas partes, defendían las puertas de sus casas y tiendas desde los techos.

        Pero aún no había llegado el momento solemne del incendio con que los malvados apoyaron la perpetración de sus crímenes. Ese pueblo de Lima, tan encomiado por su prensa, “cuyos pechos y cadáveres –decía- formarían una valla infranqueable para el invasor”; esos soldados que habían huido ante el enemigo, entraron a la capital a incendiar, a robar y a asesinaren sus hogares a los más laboriosos e indefensos de sus confiados huéspedes.

        Muy laudables fueron los esfuerzos y la abnegación con la que la mayor parte de los extranjeros salvaron Lima. Las bombas francesa, inglesas e italianas, servidas por sus respectivas colonias y apoyadas por las demás, luchaban contra el incendio bajo el fuego de los que huyeron ante los chilenos.

        Nada más horroroso que el siniestro cuadro que Lima ofrecía esa noche, y nada más propio para explicar y comprender los problemas de ese pueblo, que de tiempo atrás ha estado ocultando úlceras profundas con las lujosas galas en que ha derrochado sus ingentes riquezas.

        Ahí estaba Lima incendiada por sus propios hijos; ahí estaba esa ciudad que hasta la víspera lanzaba a los cuatro vientos el denuesto contra sus enemigos, clamando porque entraran y la salvaran de una destrucción más vilipendiosa que el vencimiento y el perdón.

        En la tarde del lunes 17 entraron a Lima los primeros batallones chilenos, que la salvaron ocupándola, y cuya actitud digna, circunspecta y grave, obra de la disciplina y de la contingencia de su fuerza, ha debido ser uno de los más severos castigos inflingidos al Perú por el Supremo Juez de las Naciones.

        El ejército de Chile hizo su entrada con una moderación que ponía de manifiesto la disciplina de los soldados y la sensatez de sus jefes, así como sus triunfos habían atestiguado su bien dirigida bravura. Los peruanos, mal de su grado, debieron sentir la superioridad de un enemigo que después de vencerlos les devolvía la seguridad de sus hogares, sin insultarlos siquiera con la risa burlona o la mirada compasiva de los fatuos.

        ¡Cuán diverso habría sido este cuadro final, si los sucesos de la guerra hubieran abierto las puertas de Santiago a caudillos y periodistas que proclamaban guerra sin tregua ni cuartel, y a batallones como los que, desbandados, incendiaron a Lima.

        http://www.bicentenariochile.cl/inde...co&%20Itemid=9
        "Es inusual y muy dificil que un engaño cree nuevos conceptos al enemigo. Es mucho más fácil y eficaz reforzar aquellos que ya existen"

        Comentario


        • #9
          Sería bueno que las publicara el amigo Tempano asi nos dá un panorama de lo que intenta decir, que hasta ahora no entendí náda, se supone que estamos analizando los hechos ocurridos en la incursión de Concepción y cómo se llegó a tal grado de enagenación aquel aciago día.

          Mientras el amigo sureño busca ordenar sus ideas, vamos a explorar ésto que ha publicado, pone ahi un relato de un saqueo ocurrido (seguramente por gente que se dedica a delinquir) para apuntalar no se qué sobre la idiocincracia peruana en la época que brillante análisis, claro y supongo que si no era por la "oportuna" intervención de los chilenos se hubiera incendiado tódo el país supongo.

          Volvamos por un segundo al presente señor Tempano, si tomamos su enunciado como juicio de valor entonces lo que se vió del pueblo chileno ocurrido después del terremoto ¿cómo lo analizaría usted señor Tempano? me interesa su juicio al respecto y asi podemos volver a la época y seguimos avanzando del tema que lo ha dejado medio movido parece.

          Saludos.
          Editado por última vez por Centinela; 07/10/2012, 20:02:19.

          Comentario


          • #10
            Originalmente publicado por Centinela Ver Mensaje
            Bueno, mientras el señor Huaso analiza que responder le pongo unos manifiestos que espero se los enseñe a su hijo cuando ya tenga edad, y le muestre la realidad de ése conflicto.

            Página alojada con dirección chilena (nótese el .cl)

            http://www.laguerradelpacifico.cl/Re...os/Relatos.htm



            Supongó que les harán leer éstas líneas a sus hijos tal como les hacen leer los de la Concepción.

            Saludos.
            Estimado Centinela:

            Qué bueno que exista una zona libre de OT para poner éstos hechos execrables pero muy ciertos. Reconozco también que es bueno saber que a pesar del desconocimiento por parte de lo sureños de éstos temas algunos de ellos sí son capacez de reconocer muchas barbaridades cometidas en la GDP. Que publiquen un testimonio peruano es en cierto modo algo relevante.

            Desafortunadamente diría que el 99.9% de los que vienen acá, no tienen la menor idea de lo barbárico que fué específicamente ésta guerra y que no es verdad que en todas las guerras sucede lo mismo. Aqui sucedió lo peor de lo peor y el desconocimiento que es casi total en el sur es también importante aqui lamentablemente.

            Nuestros vecinos suelen minimizar los hechos y quieren enfocarse solamente en su parte romántica como mencionas y hasta se sienten muy orgullosos de todo lo que hicieron en la GDP, es decir de la parte que les contaron, cuando en realidad deberían sentir exactamente lo opuesto.

            Da que hacer también cómo toman algunos hechos como Concepción como algo heróico, cuando los 77 de esa guarnición fueron la mayoría masacrados no con balas sino a machetazos y pedradas osea que fueron masacrados por los mismos campesinos enardecidos por todos los abusos cometidos contra ellos por las tropas chilenas acantonados en la sierra peruana, que no fueron menores a los del testimonio publicado. Se hacen de la vista gorda que el destacamento armados hasta los dientes y bien acuartelados en espera del ingresos de la tropa regular se dieron el lujo de matar cientos de campesinos cuyas únicas armas eran sus hondas y sus machetes. Y que luego que llegó el grueso del ejército asesinaron a cerca de 2,000 de los alrededores segúnel diario El Mercurio. ¿Puede ser ésto motivo de orgullo? ¿quién es más valiente, un abusador bien atrincherado y armado en espera de refuerzos o un campesino con ojotas y una honda que se defiende de tanto abuso?¿qué los impulsó a arriesgar así sus vidas sin ningún poder de fuego?

            Si queremos que nuestros pueblos se reconcilien, primero deben conocerse los hechos y luego dar muestras sinceras de acercamiento. Ocultando la verdad nunca vamos a lograr nada. Pero igual daría si finalmente no se quiere hacer, quien nos podría culpar al menos. Pero lo que nunca se debe hacer es ocultar los hechos. Y eso es lo que mas se ha dado.

            Saludos cordiales,

            Eduh

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