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Bienes saqueados durante la Guerra del Pacífico

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  • Bienes saqueados durante la Guerra del Pacífico

    Abro el siguiente hilo a raíz de un reportaje publicado sobre el saqueo a la Biblioteca Nacional durante la ocupación chilena de Lima. Es un poco extenso pero vale la pena leerlo:

    La verdad sobre el saqueo

    lunes, 24 de abril de 2006

    REVELA UN DIARIO CHILENO • La investigación de un periodista del matutino Diario Siete ha permitido reconstruir una historia que hasta ayer permanecía oculta para la opinión pública chilena: la sustracción, en 1881, de miles de libros de la Biblioteca Nacional del Perú.

    El saqueo de la Biblioteca de Lima en 1881 se ha mantenido como un secreto inconfesable de la Guerra del Pacífico, incluso ha sido negado por algunos historiadores nacionales. Diario Siete encontró la lista publicada en el Diario Oficial en esas fechas, donde se individualizan 10 mil volúmenes que en su mayoría ingresaron a la Biblioteca Nacional. Tras dos años de negociaciones secretas entre los gobiernos de Chile y Perú, la devolución de parte de este botín de guerra parece inminente.

    Marcelo Mendoza.
    Diario Siete.


    A días de iniciada la ocupación chilena de la capital peruana, el 17 de enero de 1881, el coronel Pedro Lagos eligió como cuartel de su batallón el palacio de la Biblioteca de Lima, sin saber que atesoraba la más valiosa colección bibliográfica de Latinoamérica (entre 35 mil y 50 mil volúmenes). Tardó un mes en reparar en ese detalle y le pidió a Manuel de Odriozola, su bibliotecario, que le enseñara aquel tesoro. Exigió las llaves de la bóveda en donde se guardaban los libros y lo que vino después fue la expoliación: un saqueo ordenado y diligente, metódicamente militar. A favor del coronel Lagos se debe inferir que la orden vino del gobierno central.

    Dos meses después, en una carta a míster Christiancy, embajador de Estados Unidos en Perú, Odriozola, relató lo ocurrido. Trató el hecho de un "crimen de lesa civilización cometido por la autoridad chilena en Lima", agregando: "Apropiarse de bibliotecas, archivos, gabinetes de física y anatómicos, obras de arte, instrumentos o aparatos científicos, y de todo aquello que es indispensable para el progreso intelectual, es revestir la guerra con un carácter de barbarie ajeno a las luces del siglo, a las prácticas del beligerante honrado y a los principios universalmente acatados del derecho". Y termina: "Nadie podría recelar, sin inferir gratuito agravio al gobierno de Chile, gobierno que decanta civilización y cultura, que para él serían considerados como botín de guerra los útiles de la universidad, el gabinete anatómico de la Escuela de Medicina, los instrumentos de las escuelas de Artes y de Minas, los códices del Archivo Nacional, ni los objetos pertenecientes a otras instituciones de carácter puramente científico, literario o artístico (...) Los libros son llevados en carretas, y entiendo que se les embarca con destino a Santiago. La biblioteca, para decirlo todo, ha sido entrada a saco, como si los libros representaran material de guerra".

    El historiador peruano Mariano Paz Soldán en 'Narración histórica de la guerra de Chile contra Perú y Bolivia', publicada en 1904, anota: "Desde ese momento principió el saqueo descarado de ese sagrado depósito (...) Se cargaban carros con toda clase de libros, que se llevaban a casa de los chilenos y de allí, después de escoger lo que les convenía, el resto lo vendían en el mercado al precio de 6 centavos de libra, para envolver especias y cosas por el estilo".

    La lista de Domeyko

    Podría pensarse que solo es la versión de los vencidos, cargada de resentimiento hacia el invasor. Sin embargo, y pese a que el incómodo tema ha sido omitido por la historiografía nacional, existe un testimonio de peso que confirma el relato peruano de los hechos. Es la versión del sabio Ignacio Domeyko, rector de la Universidad de Chile y entonces el intelectual más prominente del país.

    En su libro 'Mi viaje', Domeyko se lamenta de que un decreto de Manuel García de la Huerta, ministro de Instrucción Pública del gobierno de Aníbal Pinto, le encomendara clasificar el botín arrebatado a la Biblioteca de Lima, museos y establecimientos varios de aquella capital. Califica la misión como "la más desagradable y antipática, pues me recordaba lo que habían hecho los rusos con muchas bibliotecas y colecciones de la Universidad de Vilna" y señala que habrían llegado "la mitad de los libros que, de acuerdo a informes fidedignos, poseía la ciudad de Lima". Teniendo conciencia de la aberración cometida, quiso dejar un "minucioso inventario de los objetos traídos", exigiendo que sea publicado por el gobierno "para que se viera el poco provecho que aportó al país ese robo y cuánto contribuirá para excitar animosidades entre dos naciones hermanas" (ver recuadro). Hoy, 125 años después, sus palabras ratifican la lucidez y altura moral del sabio polaco.

    Escondido en hojas de letra impresa, Diario Siete encontró aquel riguroso inventario que hizo Ignacio Domeyko en colaboración con un bibliófilo tan insigne como Diego Barros Arana. Entre el lunes 22 y el miércoles 24 de agosto de 1881 el Diario Oficial de la República de Chile publicó –con el título de 'Lista de libros traídos de Perú'– un informe de 16 páginas enviado por Domeyko al ministro de Instrucción Pública con los libros y objetos de ciencia robados en Lima y hechos llegar a la Universidad de Chile. Recibió, en dos envíos de la Intendencia General del Ejército, un total de 103 grandes cajones y otros "80 bultos". Separó en cuatro grupos los objetos recibidos: el primero, de "instrumentos y aparatos para la enseñanza de la física y de la química, y una colección de muestras para química orgánica y farmacia"; el segundo, de "preparaciones anatómicas"; el tercero, de "objetos de historia natural"; y el cuarto, de libros. Además, el botín incluía una gran colección geológica de rocas. Sin duda, lo más valioso eran –según Domeyko– "los más de 10 mil volúmenes", muchos de ellos del siglo XVI y XVII, incluidas numerosas joyas bibliográficas universales.

    Pese a que muchos aparatos llegaron semidestruidos, el objetivo era enriquecer el patrimonio científico-cultural del país. Debe entenderse que, producto de haber sido una gobernación pobre, a mucha distancia de la holgura del Virreinato del Perú, Chile tenía muy precarios laboratorios y bibliotecas para la formación académica e investigación. Este botín, al entregársele a la universidad, obedeció a una planificada razón de Estado. Su publicación en el Diario Oficial –algo bien sorprendente si no se supiera de la tradición archilegalista chilena– puede ser vista como una muestra de que en el momento no se pensó que aquel botín no era malhabido. Tal vez correspondió a la arrogancia propia de los vencedores, porque después de aparecido en letra de molde, el tema se convirtió en tabú, en materia de rumores soterrados y negados. Hasta hoy.

    Domeyko en persona hizo el catálogo de cerca de 150 instrumentos de física y química. El catastro del material anatómico fue hecho por el profesor de patología Francisco Puelma Tupper. Y el tesoro de mayor cuantía, el bibliográfico, fue clasificado en cuatro grupos: obras de historia, literatura y estadística; obras de física, matemática, historia natural y medicina; obras de jurisprudencia; y obras de teología. Barros Arana se encargó de la exhaustiva clasificación de los dos primeros grupos, los de mayor valor, catalogando 1.105 obras (cifra que se multiplica porque la mayoría de las obras tienen varios volúmenes; por ejemplo, Histoire de l’Academie tenía 100 volúmenes) y 222 manuscritos de "historia, literatura y ciencias". También es significativa la cantidad de libros de derecho y teología.

    Los días posteriores a esta publicación, el ministro de Instrucción Pública definió el destino final del botín: los aparatos de física y química al Laboratorio de la Universidad de Chile; los anatómicos a su Museo de Anatomía; los objetos de historia natural al Museo Nacional; los libros de viajes a la Oficina Hidrográfica; los de meteorología a la Oficina Meteorológica; y "todos los libros restantes, incluso los de teología, a la Biblioteca Nacional". Desde entonces, se ignora el estado de situación del arsenal bibliográfico arrebatado. Pero es un hecho que varios de los libros más valiosos permanecen en la Sala Medina, el Fondo General y la bóveda de la principal biblioteca del país.

    Los volúmenes del Compendio de las crónicas, de Garibay (de 162, de la Biblioteca clásica latina, de Lamaire (151 volúmenes), del rarísimo libro Teatro del mundo i del tiempo, de Giovanni Galluci (de 1611), o un Diccionario español-latino, de Nebrija, están en la Biblioteca Nacional. Así como extraordinarias colecciones de atlas y libros de viajes de los siglos XVI, XVII y XVIII, incluidos en la lista de Domeyko.

    El historiador Claudio Rolle recuerda que para una muestra bibliográfica de 1989, en homenaje al bicentenario de la Revolución Francesa, en la que él participó, tuvieron problemas al exhibir volúmenes de la gran Encyclopédie de Diderot y d’Alembert, porque en su interior había timbres de la Biblioteca de Lima.

    –Al final se mostraron ejemplares abiertos, en páginas donde no había timbre alguno –confidencia.

    La devolución de los saludos

    "Solo tenemos que devolver saludos al Perú", dijo el historiador Sergio Villalobos, justo hace un año, cuando una periodista le preguntó qué quedaba por entregarles a los peruanos de todo el botín sustraído en la Guerra del Pacífico. De un tiempo a esta parte, el Premio Nacional de Historia tiene opiniones poco contemporizadoras en muchos temas. Pero igual extraña su punto de vista, alineado a las voces más conservadoras del país, toda vez que él fue director de la Dibam, la institución responsable del tesoro bibliográfico de la Biblioteca Nacional, y como tal debió saber que numerosos libros de valor se guardan en bóveda porque poseen un timbre que reza: "Biblioteca de Lima".

    Para quienes han hecho investigaciones en nuestra biblioteca esto no es misterio. De forma soterrada, siempre se ha sabido que libros de la rica colección que allí se atesora –una de las tres más importantes del mundo en obras de y sobre América– provinieron del Perú como botín de guerra. Pero tampoco puede negarse que el grueso de nuestro tesoro bibliográfico es la extraordinaria colección de José Toribio Medina, agregándose a ello la biblioteca legada por Diego Barros Arana.

    Aún persisten políticos e historiadores que consideran casi como un "gaje del oficio de guerra" el saqueo y robo de las pertenencias enemigas o que, en su defecto, estiman que hubo "un saqueo menor"; incluso que muchos libros fueron devueltos y, si quedaran, estarían en manos particulares porque habrían sido vendidos en el mercado negro por peruanos cuando Lima era regentada por el almirante chileno Patricio Lynch.

    Villalobos se ubica en este último grupo. "Se tomaron algunas cosas de la biblioteca, principalmente obras de carácter religioso, que después fueron solicitadas por el gobierno peruano y devueltas por el presidente Santa María. Pero se encontró una cantidad de libros mínima", dijo, señalando que "los principales destructores de la Biblioteca Nacional de Lima han sido los limeños", para rematar así: "Creo que ya no correspondería devolución, si es que quedan textos peruanos en Chile".

    En tiempos en que está muy fresco el brutal saqueo del museo y biblioteca de Bagdad, tras la ocupación estadounidense de Irak (se destruyeron y desaparecieron innumerables piezas y manuscritos de miles de años de antigüedad), resultan difíciles de justificar las razones para no reponer agravios cometidos en mala lid. Tal como lo contó Diario Siete en noviembre último, el botín chileno arrebatado en el conflicto bélico contra Perú y Bolivia no se limitó a los "trofeos de guerra", a lo conseguido en combate, como es el caso del Huáscar.

    La devolución

    Es probable que en los próximos meses el gobierno chileno devuelva a Perú algunos de los libros de aquel saqueo. Un rol clave en ello le ha cabido a Sergio Bitar, ex ministro de Educación. Hace dos años, a solicitud de su homólogo peruano, ayudó a crear un comité en Cancillería, especialmente abocado al tema de la "reparación de guerra" hacia el país vecino.

    El miércoles de esta semana, Sinesio López, director de la Biblioteca Nacional del Perú, informó que ya estaba sellado un acuerdo oficial para la devolución de libros, y se quejó de que demoraba demasiado en concretarse. El ministro peruano de Educación, Javier Sota Nadal, ratificó lo dicho. "Hasta ahora hemos recibido señales positivas y ojalá esto se concrete –dijo–. Yo conversé con Sergio Bitar sobre el tema y en las conversaciones, que obviamente no puedo revelar, he encontrado aproximación".

    Los gobiernos de Lagos y Toledo dialogaron para conseguir la devolución, no solo de libros, sino también de otros objetos patrimoniales que las tropas chilenas arrebataron en Lima. En esta tarea tuvo un rol de mediación Esteban Silva, ex asesor chileno de Alejandro Toledo y militante del PS. Los peruanos esperaban que este 27 de marzo, para la inauguración del moderno edificio de la Biblioteca Nacional del Perú, ocurriera el mentado gesto, pero no fue así. En su momento, el Presidente Frei ya había entregado 50 documentos peruanos que se conservaban en nuestro Archivo Nacional. Pero los peruanos nunca supieron qué libros ni qué cantidad exacta salieron en carretillas de la bóveda que cobijaba su tesoro bibliográfico. Ahora, al divulgar Diario Siete la lista de Domeyko, recién se empieza a conocer la verdad histórica del saqueo bibliográfico de Lima.

    Michelle Bachelet, estando en campaña, prometió concretar los gestos de reparación hacia Perú. De hecho, como ministra de Defensa, mantuvo excelentes relaciones con el mundo militar peruano. Pero es un tema sensible y cada vez que se plantea un cúmulo de voces aparecen oponiéndose, como de hecho lo hicieron un par de diputados de la derecha. Igual, las cosas parecen haber cambiado. Y mucho: Jorge Arancibia –el ex comandante en jefe de la Armada, y hoy senador de la UDI– anunció su disposición a efectuar devoluciones a Perú del botín de guerra del Pacífico. "(Estoy) llano a traspasar documentos históricos u otros elementos que signifiquen un gesto de buena voluntad. Me parece perfectamente bien", dijo.

    El ex ministro Bitar ratifica a Diario Siete las informaciones de Perú:

    –Con mi amigo Sota Nadal conversamos el tema y vimos las condiciones que debían darse para la devolución de libros –cuenta–. Se formó una comisión de expertos para analizar los libros peruanos que se conservan en la Biblioteca Nacional y me parece que son más de 500. Lo importante es dar un paso. Perú puso un busto de O’Higgins en su Panteón de los Próceres. Tras la Guerra del Pacífico, era el único prócer ausente.

    En todo caso, la decisión de devolver parte de aquellos 10 mil volúmenes expoliados de la Biblioteca de Lima en 1881 es un asunto de Estado. Y como tal solo una persona decidirá cuándo se realiza: la Presidenta Bachelet. Es probable que, al difundirse hoy el informe del acucioso rector Domeyko, se apuren las cosas.

    Algunas joyas

    Los siguientes son algunos libros valiosos consignados por Ignacio Domeyko en su inventario de 1881. (No hay certeza de que todas estas obras permanezcan en la Biblioteca Nacional).

    Jasonis, Conciliarum (1534)
    Golius, Lexicon arabicum latinum (Leiden, 1653)
    Los triunfos de Petrarca (1555)
    Crónica de don Juan Segundo ("edición gótica de 1543 mandada a imprimir por Carlos V")
    Histoire general de voyages (1747) (17 volúmenes)
    Juan González de Mendoza, Historia de China (Amberes, 1596)
    Plutarco, Obras (1551)
    Padre Madariaga, Del Senado i de su Príncipe (1555)
    Cronica del Rei don Rodrigo (1549, "edición gótica de Toledo")
    Diderot y D’Alembert, Encyclopedie del XVIII (35 tomos)
    Pimentel, Arte de navegar (en portugués)
    Toldrá, Justificación histórica de la venida del apóstol Santiago a España
    Lipenu, Bibliotheca philosophica (1682)
    Arte de verificar las fechas (incompleta)
    Garibay, Compendio de las crónicas... (162
    Antonio de Herrera, Agricultura jeneral (1790)
    Aimondi, Cronicon Francorum (París, 1603)
    Artes de la Inquisición española
    Juan de Mena, Las Trescientas
    Biblioteca clásica latina (151 volúmenes)
    Giovanni Galluci, Teatro del mundo i del tiempo (1611)
    Garcilaso de la Vega, Historia General del Perú (Córdoba, 1617)
    Imperatum Romanorum (Zúrich, 1559, "notables los grabados y la edición")
    D’Orbigny, Dictionaire d’histoire naturalle (París, 1861, 11 volúmenes)
    Cédulas Reales (1563)
    Annales d'ygiene publique (80 volúmenes)
    Fray Luis de León, Cartas pastorales
    Biblia latina (1550)

    http://www.larepublica.com.pe/index....ion=2006-04-24
    Saludos,

  • #2
    LIBROS Y JOYAS QUE SE LLEVÓ CHILE

    Director de la BNP y ex ministro de Educación cuentan cómo el Perú tramitó, desde el 2001, devolución de este material saqueado en la Guerra del Pacífico • Exigen que se forme comisión bilateral para hacer un inventario.

    Milagros Salazar.



    PASADO Y PRESENTE. (Arriba) La Biblioteca Nacional del Perú antes de la nefasta guerra con Chile, cuando aún poseía 57 mil volúmenes de libros y otras joyas. (Abajo) Sinesio López, uno de los principales gestores en esta lucha por recuperar nuestro patrimonio cultural. (Der.) Toma de la actual Biblioteca Nacional del vecino país.

    Si los gobiernos de Perú y Chile acostumbran enfrascarse en controversias por el tema limítrofe o la compra de armamentos, un grupo de intelectuales peruanos decidió librar una batalla aparte, pero valiosa. Lo que ellos protagonizaron a fines del 2001 fue una lucha para recuperar parte de la memoria e identidad del Perú: los libros que se llevaron los militares chilenos al ganar la Guerra del Pacífico. El robo cultural acaba de ser confirmado por el Diario Siete del vecino país en una amplia investigación. El gobierno chileno aún no se pronuncia.

    Nicolás Lynch y Sinesio López lideraron desde sus diversos puestos la travesía de los intelectuales al inicio de este gobierno. Siguieron los pasos de hombres capitales de nuestra historia, como Ricardo Palma.

    Lynch, entonces ministro de Educación, acompañó al Jefe de Estado a Santiago en agosto de 2001. Aprovechó ese primer viaje oficial de Alejandro Toledo para pedirle a su homóloga chilena, Mariana Aylwin, que realice gestiones para devolver al Perú los libros, documentos y otras joyas del saqueo. Todo se hizo en coordinación con el entonces canciller peruano Diego García Sayán.

    "Los esfuerzos continuaron, pero los chilenos se mostraban sorprendidos y poco colaboradores. Tomaron la misma actitud de desinterés que tienen respecto a las demandas peruanas. Fue una mecida", cuenta Lynch.

    En marzo del 2002, cuando Sinesio López ya había asumido la jefatura de la Biblioteca Nacional, viajó a Chile para reunirse con el cuerpo directivo de la Biblioteca de ese país. "Por desgracia, Clara Budnick, su directora, no se encontraba, pero sí el subdirector, Gonzalo Catalán. Le pregunté amigablemente: ¿dónde están los libros que se trajeron luego de la Guerra del Pacífico? No me dieron explicaciones convincentes".

    En un oficio enviado al ex canciller Allan Wagner en agosto de 2003, López informó sobre los argumentos que dio Catalán para no colaborar con la entrega del arsenal bibliográfico robado: "que los libros no están concentrados en un solo lugar sino que están distribuidos en las diversas secciones de la BN de Chile, que no hay forma de identificar esos libros puesto que carecen de señal especial que identifique su procedencia o la pertenencia a la Biblioteca peruana, que Chile solo podría dar un microfilm de cada libro que posee".

    López desmiente que los libros del Perú en manos de Chile no tengan sellos para identificarlos. Enumera algunos motivos: Palma cuenta en sus crónicas que compró en Santiago libros con sellos de nuestra biblioteca. La Fundación Telefónica publicó en el 2002 un libro sobre la historia de los Incas adquirido por el brasileño José Mindlin en una librería antigua de Santiago que llevaba el mismo sello. Asimismo, intelectuales chilenos con los que tomó contacto el politólogo Miguel de Althaus para luchar por la devolución, también confirmaron esta verdad.

    La segunda vía

    Debido al silencio de los gobiernos centrales del Perú y Chile sobre los avances del proceso de devolución, desde la tribuna de los intelectuales continuaron los esfuerzos incluso se pensó en elaborar un manifiesto.

    Sinesio López y Lynch --quien ya no era funcionario del Estado-- aprovecharon en mayo del 2004 la visita de Sergio Bitar, entonces ministro de Educación de Chile, para pedirle que haga algo al respecto. Bitar, militante del Partido Socialista, quien se hizo amigo de la dupla cuando se refugió en el Perú durante la dictadura de Pinochet, se comprometió en coordinar con la cancillería chilena este reclamo. Y cumplió. Hace dos años se formó un comité para la "reparación de la guerra" que funciona en el más absoluto hermetismo.

    Extraoficialmente, los intelectuales peruanos se enteraron a mediados del año pasado que tal comitiva llegó a las siguientes conclusiones: los libros peruanos se encuentran en los sótanos de la biblioteca de Chile junto con una relación detallada elaborada por un especialista y el número llegaría a 90 mil porque no solo se trataría de libros sino de diversos documentos.

    López aclara que la Biblioteca Nacional del Perú poseía 56 mil vólumenes de libros y que luego del saqueo los chilenos solo dejaron 700. Esta cifra se incrementó: Palma, en su calidad de director de la Biblioteca, recuperó parte de los libros. El Diario Siete ha revelado que Ignacio Domeyko, rector de la Universidad de Chile y el intelectual más prominente de la época en el vecino país, realizó un inventario del material traído de Lima en colaboración con un bibliófilo. Esto permitió registrar más de 10 mil volúmenes entre piezas bibliográficas del siglo XVI y XVII.

    Pero Sinesio López opina que habría que averiguar si realmente Chile tiene esa cantidad de volúmenes y no más. Por ello, Lynch pide que se conforme una comisión bilateral para hacer un inventario.

    "La devolución es necesaria por un sentido de justicia. Los libros, documentos y objetos de museo que se llevaron los chilenos fue un robo, un acto de pillaje aprobado por las autoridades de ocupación. No fue un simple exceso de un grupito de soldados. Ojalá que Chile cambie oficialmente su actitud", sostiene Lynch.

    López considera que el regreso de este valioso material al Perú constituiría "la recuperación de parte de nuestra memoria e identidad".

    Una misión desagradable y antipática"

    Tras la ocupación por los chilenos de Lima, la capital peruana, donde había planteles educacionales bien equipados con instrumentos de física, laboratorios y bibliotecas, vi con gran tristeza que, siguiendo el ejemplo de nuestras guerras y depredaciones europeas, el soldado, embriagado con el triunfo, procedía a destruir esos planteles y, lo que era peor, el gobierno chileno ordenó trasladar de Lima a Santiago la Biblioteca Nacional bastante deteriorada así como gabinetes, el observatorio, el instrumental quirúrgico y los laboratorios químicos no menos estropeados en el saqueo. Más de cien inmensos cajones cargados con ese desdichado botín fueron traídos directamente a la universidad, y el ministro de Instrucción Pública, mediante un decreto, me designó a mí y al profesor de física para hacerse cargo de ellos. Esta misión fue para mí de lo más desagradable y antipática, pues me recordaba lo que habían hecho los rusos con muchas bibliotecas y colecciones de la Universidad de Vilna. Al ver que todos los instrumentos y los principales equipos estaban destruidos, estropeados, casi inservibles, y que, en general, faltaban objetos que podrían tener algún valor y que más tarde aparecieron en venta en los comercios y que también de la Biblioteca se atrajo apenas la mitad de los libros que, de acuerdo a informes fidedignos, poseía la ciudad de Lima, mandé hacer un minucioso inventario de los objetos traídos con la indicación del estado en que se hallaban y publiqué su lista en los diarios del gobierno para que se viera el poco provecho que aportó al país ese robo y cuánto contribuirá para excitar animosidades entre dos naciones hermanas".

    Ignacio Domeyko
    Rector de la Universidad de Chile en 1881
    Diario Siete / Marcelo Mendoza.

    El botín de 1881

    La Guerra del Pacífico, la acción bélica más gloriosa de Chile, tiene su contracara en los efectos en Perú y Bolivia, los países derrotados. Fuera de los 10 mil libros expoliados que registró Domeyko, fueron traídos de la capital peruana numerosos monumentos, cuñas de monedas antiguas y piezas históricas, mucho más visibles que los volúmenes que residen en oscuros anaqueles o bóvedas bibliotecarias.

    Las estatuas del ex Congreso Nacional son presentadas por los guías turísticos como trofeos del almirante Patricio Lynch en Lima. Del mismo modo, siempre se ha dicho que los leones de la calle de ese nombre en Providencia, la conocida Pila del Ganso en Alameda y el Monumento a Ayacucho en la Plaza de Armas también provienen del pillaje chileno en esa ciudad. Se habla además de esculturas en una plaza en Talca, de los "piluchos" que adornan la avenida principal de La Serena y de varias ornamentaciones del cerro Santa Lucía. En fin: se ha construido toda una leyenda y cualquier estatua de parque público corre sospecha de ser originaria de Perú.

    La página web www.soberaniachile.cl, preocupada por desmentir "la leyenda negra", considera la casi totalidad de esas especies como vernáculamente chilenas. Tal como el historiador Sergio Villalobos explica que la mayoría de los libros encontrados en Chile con el sello "Biblioteca de Lima" fue vendido por saqueadores peruanos que se aprovecharon del caos en la posguerra. Un hecho es que, antes de dejar su cargo, el ex ministro Sergio Bitar firmó un decreto que le regresa a Perú los portalones de la corbeta Unión, hundida en 1881, lo que aún no se materializa.

    Diario Siete / Marcelo Mendoza.

    Reacciones

    "Pese a existir un archivo digitalizado de los ejemplares, es difícil saber su procedencia".

    Nivia Palma
    Directora de la Biblioteca, archivo y museo de Chile

    "Chile debe restituir las obras arrebatadas. A la señora jefa de Estado (Bachelet) le corresponde decidir".

    Armando Uribe
    Poeta y premio Nacional de Literatura de Chile


    http://www.larepublica.com.pe/index....ion=2006-04-26

    SALUDOS,

    Comentario


    • #3
      Parece que no solo libros y joyas se llevaron los chilenos a su paso por Lima, la antigua Escuela de Ingenieros también fué otra de las victimas del saqueo...

      HISTORIA. LA MAYOR PARTE DEL PATRIMONIO DE LA ESCUELA DE INGENIEROS DESAPARECIÓ

      Uni cataloga sus pérdidas durante ocupación chilena
      Se llevaron de escuela más de ocho mil piezas de laboratorio
      Legado podría servir para hacer un museo de historia de la ciencia

      Ernesto Carlí[email protected]

      La Escuela de Ingenieros –antecesora de la actual UNI– fue fundada en 1876 a pocos años de la Guerra del Pacífico. Contaba con modernos laboratorios y una vasta biblioteca actualizada para su época. Era una institución modelo, que incluso en 1880, en pleno conflicto bélico, se dio el lujo de graduar a su primera promoción y dar a imprenta su primera revista. Sin embargo, este inicio auspicioso se acabaría con la entrada el 17 de enero de 1881 de tropas chilenas a Lima. Como se recuerda, varias edificaciones se acondicionaron como cuarteles del ejército invasor. La más significativa, por lo que representa la institución, quizás fuera el local de la Biblioteca Nacional. Similar suerte corrió la casona de San Marcos, lugar que acogía a la Escuela de Ingeniería. El Proyecto Historia UNI ha realizado un detallado informe sobre las pérdidas de esta casa de estudio durante la ocupación de la capital. Según señala José Ignacio López Soria, quien dirigió la investigación, la casa de estudios se inició con cerca de 9 mil objetos de laboratorio comprados en Europa. De este patrimonio no se recuperó nada. Reclamo con historia. De acuerdo con las indagaciones hechas, las instalaciones de la Escuela de Ingenieros estuvieron a cargo del coronel chileno Fuensalida desde enero de 1881. Éste sería quien, ya con varios meses ocupando el predio, autorizó al rector y fundador, Eduardo de Habich, a retirar el material que todavía quedara de la casa de estudios. Habich dejó constancia que lo único que recuperó fue parte del archivo, algunos libros y unos pocos objetos de poco valor como una pizarra o muebles. El impulsor de la Escuela de Ingenieros asegura en sus memorias que todo lo que recobró podía caber en dos carretillas. El historiador López Soria hace notar que en aquellos años Chile no contaba aún con un lugar donde formar ingenieros. Por tal motivo, el Gobierno del país sureño había encargado a Ignacio Domeyco, polaco al igual que Habich, organizar una escuela como se había hecho en el Perú. Fue a este mismo catedrático a quien se le encomienda inventariar el patrimonio de las universidades peruanas que las tropas de ocupación enviaban a Santiago. Domeyco afirmó que el saqueo del material pedagógico que sufrieron las instituciones limeñas le hizo recordar al que también padeció Varsovia, la capital de su país, durante similar trance contra Rusia. Según sugiere la investigación de Proyecto Historia UNI, gran parte del legado requisado a la Escuela de Ingenieros del Perú pudo haber servido para la implementación de su par chilena. Ahora está en manos de las autoridades competentes ver qué se hace con la información recabada
      http://www.elperuano.com.pe/

      Saludos
      La fuerza de un Ejercito no está en sus armas, sino en el coraje y valor de sus hombres

      Comentario


      • #4
        ¿Qué hacer?

        Es un tema que no se ha movido desde el año pasado y supongo que no se moverá por mucho tiempo. La verdad es que este es un asunto más que espinoso. Chile ha mantenido esto como secreto, lo cual para muchos chilenos debe sonar ahora como gran agravio y mentira; no en vano se les ha mentido en cuanto a este tema y dudo que muchos acepten esta realidad. Otra cosa es que el robo siempre será justificado por el ladrón: negándolo o dándole apariencia de correcto y nunca aceptando su culpa; en el caso de los paises esto es más fuerte (pregunten por qué nadie ha pedido sanciones a Suiza por los bienes manchados de sangre judía que tenían escondidos desde la época nazi). ¿Qué se puede hacer? ¿Reclamarles? Nunca lo van a aceptar. No pueden. La mentira que les contaron es tan grande que ahora no pueden aceptar que parte de sus bienes culturales son fruto del robo, la barbarie y el asesinato (sin hablar de violaciones). Puede sonar duro, pero es algo que por lógica se comprende. En su época fue justificado por ser los vencedores. ahora se justifica porque a todos les dijeron que nunca existió. ¿Qué hacer? ¿Plantear una comisión binacional para saber la verdad? No creo. No creo que a los dos paises les convenga. Resultaría que muchos con aureola de "héroe" terminarían o como viles carniceros o como ******** convenidos. Y ni qué decir de los seudo patrioteros de ambos lados. Inclusive algunos chilenos se jactan que la violación a niñas y ancianas fue para "mejorar la raza"; ¿qué se puede hacer contra esa "filosofía"? Esa es la gran pregunta. ¿Qué hacer? Quizás algunos foristas más experimentados y con más vastos conocimientos y con una absoluta imparcialidad en cuanto al tema puedan proponer soluciones; y sin embargo queda el problema si estas serán realmente comprendidas por ambos bandos.

        La Guerra con Chile no fue una guerra más. De una u otra forma marcó a ambos pueblos y los gobiernos se encargaron de contar las cosas a su mejor conveniencia; pero, ninguno se atrevió a contar toda la verdad. Son sólo algunos estudiosos los que han desenmascarado las verdades de ambos bandos. Por eso sigue mi pregunta ¿Qué hacer?

        Comentario


        • #5
          Nekokoneko ... plantea una serie de preguntas ... pide verdades objetivas, pero su planteamiento está lleno de prejuicios intrínsecos ...

          Si hablamos del tema ... hablemos en serio ...

          Primero ... el contexto no es el de la Europa ocupada por los nazis, ni se trata de medio siglo atrás ... se trata del siglo 19 y de dos pueblos semibárbaros ...

          La guerra es brutal! ... acaso estoy descubriendo la pólvora? ... esta cuestión se trata de muerte, robo, violación y humillación ... el que no lo vea así, mejor que se convierta en un personaje de película añeja hollywoodense ...

          La única lección que uno puede sacar de ella, que no haya otra ... y Chile así lo entendió ... por 123 años hemos vivido en paz, con situaciones críticas pero hemos logrado mantenerla ...

          Por otro lado, donde dice que no se debe robar en una guerra? ... es casi una ******* plantearlo ... considerando que lo mínimo que se hace es matar por miles ... De qué engaño se habla? ... nadie nos ha dicho que no se mató (absurdo), no se robó o no se violó ... la guerra tuvo un costo y simplemente se cobró ... me pregunto, si la cosa hubiese sido al revés ... habría sido distinto???

          Latro
          Usted no necesita ganar mi respeto, pero si lo puede perder, Latrodectus

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          Trabajando...
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